Gérard AziakouAFP
NUEVA YORK.- Las reformas de la ONU que serán aprobadas durante la cumbre inaugurada ayer miércoles están muy lejos del ambicioso proyecto lanzado hace seis meses por el secretario general, Kofi Annan, reflejan las persistentes divisiones entre países ricos y pobres sobre temas clave.
Los diplomáticos en la ONU están demostrando realismo y subrayan que es el mejor compromiso posible entre 191 Estados con prioridades a menudo opuestas.
Intentaron conciliar la exigencia de los países en desarrollo de tomar medidas vigorosas contra la pobreza y la ambición de los occidentales de fortalecer la lucha contra el terrorismo y la proliferación nuclear, al tiempo que defienden los derechos humanos y medidas para impedir los genocidios.
Ni los unos ni los otros están enteramente satisfechos con el documento final de 35 páginas. “No obtuvimos todo lo que queríamos, debimos aceptar un compromiso”, declaró el secretario de Estado Adjunto de Estados Unidos, Nicholas Burns.
“No obtuvimos todo lo que queríamos, pero esto puede servirnos de base para seguir”, le hizo eco Annan. “Influyeron divergencias profundas, algunas sustanciales y legítimas”, admitió.
A pesar de que los negociadores reivindican como un éxito la reafirmación de los compromisos de reducir la pobreza y promover los derechos humanos, su texto sigue siendo vago en los detalles, carece de una definición de terrorismo y nada dice sobre el desarme.
Annan fustigó la incapacidad de los Estados para ponerse de acuerdo en materia de desarme y no proliferación, tras el fracaso de una conferencia sobre la revitalización del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) en mayo. “En dos ocasiones este año (…) permitimos que la intransigencia impidiera llegar a un buen resultado. Es imperdonable”, dijo.
Annan, al igual que sus críticos, estimó que aún queda mucho por hacer para restaurar la credibilidad de la organización mundial.
En su discurso el presidente norteamericano, George W. Bush, destacó la necesidad de que las Naciones Unidas se “desembaracen de todo tipo de corrupción”, tras el escándalo del programa ‘Petróleo por alimentos’ que deterioró la imagen de Annan y de la ONU.
La ONU “debe ser fuerte y eficaz, desembarazarse de todo tipo de corrupción y (ser) responsable ante los pueblos a los que sirve”, declaró Bush. “Las propias Naciones Unidas deben estar a la altura de los criterios que ellas fijan para los demás”.
Los diplomáticos estadounidenses se quejan de que el documento sólo evoca en términos muy generales la necesidad de mejorar las prácticas en la administración de la ONU, y esperan que el secretario general reciba poderes más amplios para erradicar la corrupción, a cambio de una mayor responsabilidad.
Annan se comprometió a “restaurar la confianza en la imparcialidad y la integridad de la organización”.
“Estoy dispuesto a trabajar con ustedes en los desafíos que quedan para poner en práctica lo que se decidió y continuar reformando la cultura y las prácticas en el secretariado”, dijo.