Nicolino Locche fue uno de los grandes estilistas del boxeo y un atleta muy querido.

Locche, “El Intocable”

Murió uno de los más grandes estilistas Edgard Tijerino [email protected] Admiré a Nicolino Locche por lo llamativo de su estilo, pero, aunque parezca un contrasentido, nunca me gustó como boxeador. Tenía Locche esa destreza que identifica a los artistas, y que le permitió a ese extraordinario cronista conocido como El Veco, a llamarlo “el más […]

  • Murió uno de los más grandes estilistas

Edgard Tijerino [email protected]

Admiré a Nicolino Locche por lo llamativo de su estilo, pero, aunque parezca un contrasentido, nunca me gustó como boxeador.

Tenía Locche esa destreza que identifica a los artistas, y que le permitió a ese extraordinario cronista conocido como El Veco, a llamarlo “el más sutil de los boxeadores”, “el poeta de la zurda genial”, “el intocable”, pero carecía de ímpetu, de furia casi homicida, de salvajismo puro, esos factores considerados esenciales en un deporte tan brutal como es el boxeo, y que hicieron tan grande a Rocky Marciano, Jack Dempsey, Joe Louis, Roberto Durán, Alexis Argüello y tantos otros.

Sangre, sudor y lágrimas, ese es el boxeo. Nada que ver con aquello de “la ciencia dulce” de la cual, un exponente magistral, fue el argentino Nicolino Locche, fallecido hace unos días a los 66 años, víctima de un problema cardíaco.

Fue Locche que provocó asombro funcionando como un esgrimista de Academia para derrotar a Paul Fujii por KOT en 10 asaltos en Tokio, la noche del 12 de diciembre de 1968, coronándose Campeón Mundial Welter Junior de la AMB.

Lo vi pelear con el espigado panameño Alfonso “Peppermint” Frazer en 1972, cuando después de cinco exitosas defensas, y popularizar su estilo de no dejarse golpear, fue derrotado.

“Su habilidad defensiva es tal, que es capaz de ganar un round sin tirar un golpe”, me dijo una vez ese buen amigo que es Ernesto “Cherquis” Bialo, quien llegó a ser director de El Gráfico.

¿Ganar un round sin tirar un golpe? Por favor, ¿cómo puede ser posible eso? Viendo pelear a Locche uno se convencía que es factible.

¿Por qué no me gustaba?

Ray “Sugar” Robinson, el fantasioso Muhammad Alí y Ray “Sugar” Leonard, eran veloces, creativos, dificiles de golpear, auténticas réplicas de Dalí o Picasso entre las cuerdas, pero también fieros, brutales, golpeables, sangrantes, bañados de sudor y capaces de hacernos llorar.

Lo vivieron quienes vieron a Robinson frustrarse frente a Joe Maxim, los testigos de Ali-Frazier en Manila, y por supuesto, aquéllos que se estremecieron ante la ferocidad desplegada por Leonard contra Tommie Hearns.

Destreza pero con furia, atravesando riesgo, derrochando agallas. No, Nicolino Locche entendía el boxeo de otra forma. Su espectáculo era estrictamente artístico, como ver a Rodin moldear el mármol, escuchar la Novena Sinfonía de Beethoven o disfrutar de los movimientos de un espadachín como Scaramouche.

Demasiado fino para quienes como yo vamos al boxeo en busca de habilidad, pero complementada con la bravura de un gladiador, la determinación de un torero y la entrega de un kamikaze.

Final de pelea como el que protagonizaron Diego Corrales y José Luis Castillo, resultan tan espectaculares como sanguinarios, naturalmente escalofriantes y obviamente inolvidables.

Se fue Locche, “El Intocable”. Perdió sólo cuatro veces en 136 peleas con 117 triunfos, 14 empates y una batalla sin decisión.

Ciertamente, como decía Cherquis, era capaz de ganar un round sin tirar un golpe, recurriendo a su extensa gama de recursos defensivos, esquivando las estocadas, desgastando al rival, congelando su furia, y acertando lo necesario.

“El show de Locche”, con poco sudor, sin sangre y sin lágrimas, hizo historia, era admirable, pero, tratándose de boxeo, yo prefiero otro estilo.

Cuestión de gustos diría el poeta.

TIRÓ LA TOALLA

Nicolino había derrotado al colombiano Antonio Cervantes “Kid Pambelé” en Maracay, en 1971, toreándolo por 15 asaltos, y en 1973, después de haber perdido el cinturón con Alfonso Frazer, volvió a enfrentar a Pambelé, ahora como retador.

El “Kid”, ya crecido, estableció la distancia, supo controlarlo y golpearlo, y en el décimo asalto Nicolino no salió. Desde su esquina voló una toalla.

Su última pelea fue en Bariloche en 1976, venciendo por puntos a Ricardo Molina Ortiz.

Locche nació en Tunuyán, Mendoza, el 2 de septiembre de 1939. Extrañamente, recibió una especie de copia del cinturón mundial, y fue antes de su muerte, el pasado 24 de agosto, que finalmente le entregaron uno legítimo.

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