Maro Ayapal López Cruz
En la fecha en que la honorable Corte Suprema de Justicia emitió tres sentencias que llenan de dolor a cualquier conocedor del derecho (y a cualquier ciudadano sensato), yo recibía las calificaciones de las últimas cuatro clases de la carrera de leyes. Me encuentro a punto de salir a subsistir de mi profesión, y tras estas decisiones de la Corte me pregunto sobre el país en que vivo:
¿Estamos volviendo a ver el comienzo de una dictadura como aquélla que nació en los años treinta del siglo pasado? ¿En qué debo creer ahora que estoy a punto de ser profesional, si uno de los magistrados, el doctor Iván Escobar Fornos, vende en las librerías de las universidades del país un libro en el cual indica una teoría de las reformas constitucionales (ver Manual de Derecho Constitucional por Iván Escobar Fornos, páginas 85 y 86) y en la práctica, al ejercer la magistratura, parece que ha olvidado lo que enseña, al ser partícipe de una sentencia que da validez a unas reformas que son notoriamente contrarias a los postulados de la equidad entre los poderes del Estado?
Siento nostalgia y me lleno de coraje, más todavía cuando me siento burlado por la puesta en práctica de los valores más negativos que el Güegüense pueda tener: Hace unos meses Daniel Ortega y su bancada dijeron que iban a aprobar reformas constitucionales que no serían aplicables en este Gobierno, asegurando en los medios de comunicación que estipularían esto en un invento jurídico que de antemano se sabía que era una trampa: una colilla que posteriormente (hoy en día) sería declarada inconstitucional.
¡Qué ira siento! Y me llena más de coraje saber que Alemán ahora ha salido con Managua por cárcel, tras una serie de resoluciones “cómicas” del Poder Judicial, poder del Estado que últimamente ha sabido acaparar la atención de los medios, a como las novelas mexicanas acaparan la atención de muchos televidentes; como si no basta con que aquél esté en la comodidad de su hogar, a la espera de la resolución definitiva de los múltiples cargos de corrupción en perjuicio de Nicaragua.
Personalmente pienso que me tocará trabajar con el peor Poder Judicial de la historia. No he comenzado a litigar, pero desde ya siento coraje.
Estudiante de Derecho.