- El ejemplo de la Cruzada Nacional de Alfabetización fue tomado a medias por el Ministerio de Educación y las alcaldías sandinistas, que muestran el deseo de alfabetizar, pero no de unir esfuerzos
Arlen Regina Pé[email protected]
De las cenizas que quedaron de la llama encendida hace 25 años, por los más de 60 mil jóvenes que participaron en la Cruzada Nacional de Alfabetización (CNA), arde ahora un interés por erradicar el analfabetismo, desde diferentes instituciones y con distintos métodos.
Como los “tantos vigores dispersos” que mencionara Rubén Darío en su poema Salutación del optimista, se observa hoy en Nicaragua a personas, instituciones y asociaciones luchando contra un mismo enemigo: el analfabetismo.
Junio de este año fue marcado por el anuncio de dos programas de alfabetización.
Mientras el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD) sacaba el decreto 141-2005 que mandaba a los estudiantes de cuarto y quinto año a alfabetizar, aunque sea a una persona para recibir su título de bachiller, la Alcaldía de Managua anunciaba un programa de alfabetización conocido como: Yo, Sí puedo.
El decreto del MECD recibió una serie de críticas por su carácter de obligatoriedad y por la posibilidad de exponer al peligro a los estudiantes, al mandarlos a buscar a la persona que iban a alfabetizar. Por esta razón se realizaron modificaciones en el programa y se convirtió en un proyecto “piloto” llamado Servicio Social Comunitario (SSC), bajo la coordinación de Nidia Verónica Gurdián, directora del programa de educación continua para jóvenes y adultos.
“El Servicio Social Comunitario nace como una iniciativa de centros escolares que ya estaban haciendo alfabetización. Hay varios institutos como La Salle y el colegio de Villa Libertad que estaban trabajando en un proyecto educativo en sus propios centros para alfabetizar a personas adultas. El Ministerio de Educación los apoyaba con materiales y capacitación. De ahí surge la idea de extender esta experiencia a los otros institutos y centros de secundaria”, relató Gurdián.
Manifestó que los materiales usados en el SSC son: una guía metodológica y tres cuadernos de trabajo. Para la implementación del programa se impartieron talleres a los estudiantes y se les transmitió una capacitación de dos días, para cada cuaderno, que es recibida primero por directores y maestros.
Confirmó que el método que utiliza el SSC es del brasileño Paulo Freire, utilizado en la CNA hace 25 años y en el programa de educación de adultos. El tiempo estimado para enseñar a leer a una persona con este plan es de tres a cuatro meses.
El costo de este proyecto es de dos millones de dólares que de acuerdo a Orlando Ortega, director administrativo y financiero del MECD, se obtuvieron de un fondo de la Unión Europea, una donación de apoyo sectorial, además del presupuesto general de la República, y de un ahorro del año pasado del Programa de Apoyo a la Política del Sector Educativo (PAPSE).
FREIRE VERSUS RELYS
El método que promueven las alcaldías sandinistas surge en el 2001 por la cubana Leonela Relys y consiste en alfabetizar asignándole a cada letra un número.
Este método está compuesto por 17 casetes, grabados en sistema de vídeo VHS para impartir 65 lecciones, partiendo de lo conocido, que serían los números, hacia lo desconocido, en este caso las letras. El tiempo estimado para alfabetizar a una persona con esta técnica es de 65 días.
Orlando Pineda Flores, presidente de la Asociación Carlos Fonseca Amador, comentó que los trabajos de alfabetización que realizó “la revolución” lograron que Cuba viera ese esfuerzo y que decidiera apoyar con cinco mil televisores, cinco mil VHS, medio millón de cartillas y 87 mil videocasetes.
Pineda viajó a Cuba para aprender sobre dicho procedimiento. “El método Yo, Sí puedo, es la salvación de Nicaragua, la salvación de Nicaragua está a las puertas”, comentó.
Explicó que para erradicar el analfabetismo en seis municipios se necesitaron casi 2 años por municipio. “A ese ritmo nos hubiera llevado 300 años para alfabetizar a los 153 municipios”, dijo.
Pineda explicó que para impartir el Yo, Sí puedo se requieren dos facilitadores, que pueden ser desde estudiantes de sexto grado hasta profesionales.
MÉTODO A LA PRÁCTICA
Róger Tórrez, estudiante de quinto año del colegio Santa Rosa, quien lleva un mes alfabetizando con el método del MECD a su vecina Carmen Mendoza, de 42 años, costurera, confesó que “no me había dado cuenta que ella no sabía leer y escribir. Cada vez que miro que ella aprende más, siento algo en el corazón. Siento que lo que estoy haciendo ayuda a los demás. Si no me hubiera decidido a alfabetizar estaría jugando nintendo o platicando con mis amigos. Ahora invierto mejor mi tiempo”, expresó Tórrez.
Doña Carmen también considera que este proyecto le cambiará la vida.
“Fui una de las personas que no logró ir al colegio porque mis padres eran muy pobres y quedaban muy largo los colegios. Es algo que me sirve, porque en mi trabajo tengo que apuntar a mi gente, y tengo que estar pidiéndole a mis hijos que me ayuden o al mismo cliente. Es un problema para mí, y eso me motivó”, reveló doña Carmen.
En el SSC también hay monitores que supervisan la alfabetización. A Róger le tocó monitorear a su propia hermana, Eliesca Tórrez, de cuarto año.
Alexis Canales, de 16 años, de quinto año del Colegio Santa Rosa, aseguró que su motivación surgió del deseo de ayudar, ya que cualquier persona, hasta un familiar suyo, muy bien podría ser analfabeta.
Señaló que “principalmente se debe tener voluntad, los jóvenes deben tomar este ejemplo y el de la Cruzada que hubo. Que vean esto como algo bueno para que el país logre eliminar el índice de analfabetismo que existe”, dijo.
Su alumna es Yadira Traña, de 58 años. “Tenía deseos de aprender y salió la oportunidad que le dan a uno de venir aquí a su casa. Él viene a las seis y ya tengo todo hecho. Antes a las seis sólo miraba novelas. De él he aprendido algo, de un chavalito estoy aprendiendo yo”, expresó doña Yadira, sonriendo.
NUEVAS VISIONES DE LA VIDA
Como una ironía de la vida, Gregoria Salvadora Sánchez Villavicencio, de 64 años, cuenta que es muy religiosa, pero con muchas dificultades en la lectoescritura, por lo cual nunca ha podido leer por completo la Biblia, uno de sus mayores deseos.
Su esposo, Justo Picado, quien se define a sí mismo como “un cabeza dura”, recordó que cuando intentaron enseñarle a leer y escribir se ponía a llorar para borrar con sus lágrimas las palabras que tanto tormento le provocaron años atrás.
La pareja tiene cuatro hijos que saben leer y escribir. “Los papás de antes no se preocupaban o porque no había facilidades de ponernos en una escuela. Mi mamá palmeaba tortillas y yo las vendía; mis hijos aprendieron con mis sacrificios, yo lavaba y planchaba”, dijo Sánchez.
José Luis Méndez, de 18 años y Cándida Rosa Sequeira, de 17, ambos estudiantes de quinto año, alfabetizan a este matrimonio. “La señora es amiga de mi mamá. Me pareció extraño porque yo la miraba leer, pero sabe muy poquito. Cambió mi manera de pensar sobre los analfabetas. Antes decía: qué horror esas personas y ahora no es así. Siento una gran alegría porque estoy ayudando”, indicó Cándida Rosa.
Allan García, de 16 años, alfabetiza en el colegio Santa Rosa. Manifestó que esta experiencia le ha cambiado la vida, entre otras cosas está aprendiendo a ser paciente. “Me siento mejor persona porque estoy ayudando a otros”, indicó.
El alumno de Allan es el cuidador del colegio, don Eduardo Guido, quien dice andar por los 54 años. “Tiene un buen futuro para dar clases, para enseñar”, afirmó dirigiendo la vista hacia el joven.
Allan opina que si el Servicio Social Comunitario se uniera con el Yo, Sí puedo, se tendrían resultados mayores.
“Sería más grande porque se podría cubrir más gente para alfabetizar. Los colegios vamos haciéndolo poco a poco, pero no como si se unieran las alcaldías y el Ministerio de Educación”, argumentó el alfabetizador.
La decisión de unir los dos programas es de las autoridades del MECD y de las alcaldías, pero hasta ahora no han llegado a un acuerdo y en algunos momentos los proyectos de alfabetización se han visto como una competencia.
EL PILOTAJE
El pilotaje del Servicio Social Comunitario del Ministerio de Educación se realiza con 42 mil 626 alumnos. La meta es alfabetizar a 50 mil personas.
Nidia Verónica Gurdián, quien está coordinando este proyecto, señaló que para el próximo año esperan que todos los estudiantes de cuarto y quinto año participen voluntariamente. Si cada uno de los alumnos alfabetizara a una persona, al finalizar el 2006 se habría alfabetizado a cerca de 95 mil personas.
El pilotaje de las alcaldías con el método Yo, Sí puedo será de 750 personas.
Orlando Pineda, quien ha estado al frente del programa que trabajan las alcaldías, explicó que se impartirá esta metodología en Juigalpa, Jinotega, Matagalpa, Somoto, Estelí, Ocotal, Tola, Diriamba, Granada, Chinandega, Managua, León, Masaya, Jinotepe y Boaco.
Se pondrán cinco puntos en cada municipio, es decir cinco televisores. Con cada televisor se espera alfabetizar a diez personas.
Según Pineda, el próximo año se espera utilizar los cinco mil televisores para alcanzar la meta de alfabetizar a 150 mil personas, dado que el método enseña en tan sólo 65 días.
Pineda explicó que esperan que las alcaldías que no son sandinistas también participen de este proyecto.
El Ministro de Educación, Miguel Ángel García, por su parte indicó que estaría de acuerdo en unir fuerzas con las alcaldías si se hace con un sesgo nacionalista, distribución de gastos y una plática en un punto neutro.
UNESCO APOYA AMBOS MÉTODOS
Juan Bautista Arríen, representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), manifestó que en el 2002 este organismo premió al Programa de Alfabetización y Educación Básica de Adultos de Nicaragua (Paebanic), que utiliza el mismo método de la CNA. Pero a la vez, afirmó que la UNESCO también apoyó el método Yo, Sí puedo, en Venezuela. “El Yo, Sí puedo, se ha convertido en el método de la televisión, es más complejo. En Nicaragua, recién está comenzando”, señaló.