- Dos de las tres catástrofes anunciadas ya ocurrieron: el atentado en Nueva York y el huracán en Nueva Orleáns
María Lorente AFP
LOS ÁNGELES.- Hace cuatro años, la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA) detalló las peores catástrofes que podrían golpear a Estados Unidos: un atentado terrorista en Nueva York, un huracán en Nueva Orleáns y un gran terremoto en la costa oeste. Las dos primeras ya ocurrieron.
Con más de 300 fallas sísmicas activas en el sur y la falla de San Andrés, que mide más de 1,000 km de largo y se extiende hasta profundidades de 16 km, atravesando el Estado, California es una bomba de tiempo sísmica. Y todos los californianos temen a “El Grande” (The Big One), como comúnmente se denomina a ese terremoto por venir.
“La posibilidad de un terremoto de grandes magnitudes es una certeza”, sentenció Lucile Jones, jefa de la división de California del Servicio Geológico Nacional (USGS).
“Puede suceder mañana o cualquier día en los próximos 100 años”, indicó a la AFP.
El Servicio Geológico Nacional (USGS) y otros científicos concluyeron en un estudio que hay una probabilidad de 62 por ciento de que ocurra un terremoto de magnitud 6.7 o más fuerte, capaz de causar daño extendido, en la región de la Bahía de San Francisco antes del año 2032. El riesgo para Los Ángeles es apenas menor.
De ser así, las imágenes terribles vistas en estos días por el paso del huracán Katrina en Nueva Orleáns podrían parecer baladí al lado de las que dejaría un sismo de gran magnitud en las áreas superpobladas de Los Ángeles o San Francisco (norte de California). En parte, porque no habría ninguna advertencia ni mandatos de evacuación como hubo en Nueva Orleáns horas antes de que el devastador ciclón llegara a la costa estadounidense del Golfo de México.
Varios estudios pintaron un sombrío escenario para varias ciudades de California en caso de ser afectada por terremotos.
“ Un terremoto en el área de Los Ángeles podría dejar entre 3,000 y 18,000 muertos, 142,000 y 735,000 personas sin hogar y más de 250,000 millones en daños”, vaticinó un estudio del USGS.
Si San Francisco “volviera a ser azotada durante el día por un terremoto de magnitud 7.9, como en 1906, unas 5,800 personas perderían la vida”, señaló otro informe.
California ha tomado serias medidas en edificios, escuelas, carreteras y hospitales para prevenir un desastre mayúsculo.
“Pero aún queda mucho por hacer”, dijo Jones.
Sumida en una gigante crisis fiscal, California no pudo invertir los fondos necesarios para combatir a “El Grande”, como lo indican varios informes de la Comisión del Programa de Riesgos de California.
A ello se le suman las acusaciones de legisladores estatales contra el Gobierno Federal de invertir casi todo el dinero de emergencia en su campaña antiterrorista.
Según Jones, “8,000 escuelas públicas y 900 hospitales en California no están en condiciones de enfrentar terremotos”.
Y aún quedan en el Estado “40,000 edificaciones construidas en base a hormigón armado no elástico”, un material que no soporta movimientos y que era utilizado en los años cincuenta, antes de que el Estado impusiera estrictas normas constructivas.
Quizá una de las peores pérdidas para California sería el agua. “Somos un desierto e importamos agua a través de tres acueductos; los tres cruzan la falla de San Andrés, esto implica que podríamos quedarnos sin agua potable”, advirtió Jones.
Ante este pronóstico, Jones aconseja prepararse o irse del Estado.
“El consuelo que tengo para las personas que viven aquí es que nuestros servicios de emergencia han pasado por varios desastres naturales”, dijo la funcionaria.
“Y en estos casos, la experiencia sí importa”, añadió.