- El director ejecutivo de la Organización Internacional del Café (OIC), Néstor Osorio está en Nicaragua participando en el foro internacional Ramacafé que hoy concluye. Osorio dice que la gente “va aprendiendo que el café es un extra, un lujito que se puede dar y que vale la pena estimular”
Luis Núñez Salmeró[email protected]
Néstor Osorio es el primer director ejecutivo de la Organización Internacional del Café (OIC) que no es de origen brasileño, su llegada a la entidad en el 2002 coincidió con una de las crisis más profundas que atravesaba la organización, generada por la división de los países productores con los países consumidores, y por la depresión en los precios internacionales del producto.
Eran tiempos difíciles ya que Estados Unidos, el principal consumidor de café del mundo, se había retirado de la organización ante las presiones de los países productores y éstos habían conformado una nueva organización de los países productores, “al final ni ellos ni la OIC hacían nada”.
Jurista, casado y con tres hijos, fue representante de Colombia ante la Organización Mundial de Comercio (OMC), por varios años representante ante la OIC, Osorio ha participado en los principales foros comerciales mundiales.
Al llegar a la dirección de la OIC sostiene que “el trabajo fue duro y uno de los grandes logros fue haber unificado a los productores y que Estados Unidos se reintegrara”. Ahora las proyecciones son ver las condiciones de la caficultura mundial y sus perspectivas para enfrentar las recurrentes crisis de precios, la última tuvo efectos severos en países en desarrollo.
—¿Qué tan fuerte fue la crisis de precios para el mundo cafetalero mundial?
Esta crisis de precios en los últimos cinco años es parte de un proceso de transformación de la caficultura que viene acompañada por una helada en Brasil, los precios suben, pero al mismo tiempo lo hizo también la producción de Vietnam, que ya había creado un proceso cafetero y no solamente cafetero sino de productos agrícolas. Al mismo tiempo Brasil traslada y tecnifica su producción a lugares no susceptibles de ser afectados por las heladas.
Esto trae esa hecatombe de precios y para que haya una claridad sobre las repercusiones que esto tuvo veamos cómo entre los cinco países centroamericanos, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador se perdieron cuatro millones y medio de sacos de producción entre el año 2000 y 2005, y si le agregamos 2.4-2.5 de México la región en total perdió 6.8 millones d e sacos.
—¿Fue un efecto global?
Lo que sucedió en Centroamérica en alguna medida pasó también en otras regiones como África donde países como Costa de Marfil, Tanzania, Kenya, Uganda, Congo vieron sus producciones disminuidas. De forma que el impacto de la crisis en los precios se nota y repercute en los niveles de producción y en el hecho de que muchos cafeteros no lograron subsistir y otros lo hicieron con grandes sacrificios y esfuerzos; en algunos casos los gobiernos dieron alguna asistencia cuando tenían capacidad para hacerlo en otros fue precario el apoyo gubernamental y dependió de condiciones sociales y políticas de cada país.
Pero creo que saliendo de la parte más difícil y más dura y más crítica se ha adquirido una conciencia sobre la necesidad de una gerencia más efectiva en las fincas, control de los costos de producción, una racionalización en el manejo de las plantaciones y hay muchos casos que los costos de producción altos se han logrado reducir. Uno de los problemas graves que veo todavía es que hay mucho endeudamiento de los cafetaleros aún cuando los precios se han recuperado.
Pero hay dos factores que han influido para que esa recuperación se vea un tanto disminuida y son: el alza en los precios del petróleo que repercute en costos de fertilizante, costos de transporte, combustible y la depreciación del dólar pues hay una especie de pérdida de lo que se recibe como producto de la venta del café.
—Cuando habla de ventajas competitivas ¿a cuáles específicamente se refiere?
Producir café suave, lavado de alta calidad que está alimentando al mercado de cafés especiales a la vez, los que no puedan hacerlo dentro de este segmento entren a la corriente principal de café que es utilizarlos en mezclas finas y buenas. Es la capacidad de poder mejorar la calidad vía campañas de promoción.
—Se ha mencionado la posibilidad de producir café robusta de mejor calidad aún cuando se ha rechazado su producción ¿qué perspectiva tiene esto para la región centroamericana?
Las dos grandes familias de café son la robusta y arábiga. Esta última se produce en Centroamérica y Colombia, que son lavados de altura, en unos suelos muy especiales que hacen que estos cafés sean los más costosos en la cadena. El café robusta es un café cuyos costos de producción son más bajos ya que es híbrido, desarrollado a través de experiencias y se ha logrado una mata más resistente a las enfermedades de lo que es la arábiga.
La robusta es resistente a diferentes enfermedades como la roya, ciertos experimentos de mezclar arábigas para ver si da más resistencia a enfermedades. El hecho es que el café robusta es un café de tierras planas no es de altura y su composición es en alguna medida distinta a la arábiga. El robusta tiene más cafeína que la arábica. La pregunta que se debe hacer es que si valdría la pena hacer un desarrollo de promover el café robusta.
A mi juicio las plantaciones de café centroamericanas y colombianas que son especialidad de altura deben mantenerse con esa vocación y las planas son para otro tipo de productos agrícolas. Yo no vería ninguna razón o justificación en embarcarse en el cultivo de variedades de robustas que van a deprimir al final del día los precios de toda la cadena.
—Se ha hablado que el consumo interno de los países productores podría ser una forma para mantener estable el mercado de café. ¿Por qué los países productores no somos consumidore de café?
Porque los países productores son dependencia de sus exportaciones si tomamos en cuenta a El Salvador o antes Costa Rica, el café jugó un papel muy importante en las balanzas de pago y era el núcleo del sector externo de los países. En estos países lo que quedaba era poco y malo. A los residuos que quedaban en Colombia se les llama ripios y la pasilla y era lo que se tomaba. Entonces si uno toma un producto de mala calidad no va a aumentar el consumo. Lo que creo que si el cafetero en Nicaragua y la gente tiene el orgullo de producir un buen café y tomar un buen café ese café que se toma y consume internamente va a valorizar el que se exporta.
—¿Cómo se origina esta última crisis?
Por ejemplo en los últimos 15 años tenemos un sistema de cuotas pactado entre países productores y consumidores que funcionó con las suspensiones naturales con las variaciones del mercado por la escasez o abundancia que hubiera durante 30 años desde principios de los sesenta hasta finales de los ochenta. Entonces cuando vienen los procesos de liberalización entramos en un proceso de renovación de ese sistema. Del 89 al 94 hubo una depresión porque hubo unos cafés acumulados, no había control y salió sobre el mercado todo el café y bajaron los precios de un dólar cincuenta la libra a 60-70 centavos promedios.
En el 94 se produjo una helada en Brasil y entre el 94 y el 2000 sube. En el 2000 qué ocurre, hubo nuevas plantaciones porque los precios favorecían las nuevas plantaciones y del 2000 al 2005 los precios caen. Por eso hoy tenemos unos precios más o menos razonables. El hecho que ya estemos pagando los costos no quiere decir que esté nuevamente prendida la luz verde para volver a plantar, hay que racionalizar la recuperación
—Hay países que son potencialmente consumidores importantes, los denominados países emergentes.
En este aspecto hay que tener también una calificación. Cuando hablamos de China, no hablamos de 1,300 millones, para mí son cinco zonas urbanas y no más de 250 millones de habitantes. China para efectos de potencial de consumo de café hay que considerarla del tamaño de la población de Estados Unidos. El 80 por ciento de los chinos reciben menos de dos dólares al día. Pero donde se puede tomar café es en las grandes urbes donde hay dinero, donde hay personas. Lo mismo pasa en la India. En China ya van consumiendo más café donde hay una cultura del té y donde no se consumía café. El Japón es un buen ejemplo. Hace 35 años se consumían 100 mil sacos de café, hoy es el tercer importador mundial con 7 millones de sacos.
—¿Tomador de café?
Mi contacto con el café no empezó trabajando con el café, mi abuelo tenía una finca de café, mi mamá nació en una finca cafetera, mis vacaciones las pasábamos en la finca de café, allí aprendí cómo era el cultivo del café, y después llegué al café por otra vía que no tiene que ver con mi familia en ese tema.
UN VIAJERO
Jurista de formación, hizo estudios de postgrado en Francia en la Sorbona, Facultad de Derecho y Ciencias Económicas.
Regresó a su natal Colombia. Trabajó en el departamento Nacional de Planeación como asesor jurídico, después como secretario general del departamento.
En ese momento Colombia tenía y tuvo por muchos años una delegación permanente en la OIC. Lo nombraron delegado de Colombia ante la OIC primero como subdirector y luego como director.
Entre 1978 hasta 1994 manejó toda la operación comercial de la Asociación de Cafeteros en Europa.
En 1994 cuando se creó la OMC lo nombraron Embajador de Colombia ante esta organización en Ginebra donde presidió varios organismos como el Consejo de Políticas Comerciales de Países y por tres años el Comité de Agricultura que fue donde se sentaron las bases de las negociaciones que hoy están en marcha.
Cuando terminó en la OMC el Gobierno colombiano lo nombró asesor para temas de café y de comercio internacional.
Un año después, en el 2002, se convertiría en el primer director ejecutivo de la OIC que no es de nacionalidad brasileña.
En Nicaragua ha estado unas diez veces.
La OIC hoy
¿Qué tan unidos están los países productores en el mundo? Hubo un tiempo en el que la OIC daba la impresión de haber desaparecido.
La OIC tuvo un período muy crítico y fue precisamente entre 1989 y 1994. Cuando se perdió el sistema de cuotas y de cooperación con los países consumidores y en el desespero de los precios bajos un grupo de países productores dijo “organicémonos y hagamos un plan de retención”. Allí fue donde Estados Unidos se retiró, ahora logramos que volviera y es nuevamente miembro de la organización.
Fue una unión muy precaria y el sistema de retención no funcionó, lo que sí funcionó fue la helada del Brasil que hizo disparar los precios.
Se creó una organización paralela y ninguna servía para nada y más adelante mejoraron los precios y ahora estamos en una nueva era que empezó con un nuevo acuerdo en el que no se habla de cuotas sino de nuevos temas como sostenibilidad, de promoción de partnership infraestructura, proyectos de fondos de productos básicos. La Asociación de Países Productores ya no existe y los productores están más concentrados en el trabajo de la organización del café.
¿Qué tanto han avanzado en su gestión?
Llegué como director hace tres años y mi papel ha consistido en crear conciencia en los problemas de la crisis cafetera, vincular a Estados Unidos y los países europeos. Yo recibí la organización con 42 miembros y hoy tiene 74.
Tengo una participación en otras organizaciones internacionales como Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, la Organización Mundial de Comercio, la FAO, UNCTAD, que nos permite desarrollar trabajos conjuntos.
Además no hay que perder de vista que los productores tienen intereses comunes, pero también son competidores entre ellos mismos. La competencia entre los centroamericanos es Colombia, la de Colombia es Brasil, pero hay espacios para todos y lo vemos en que en la medida que se vean aumentos importantes como el incremento del consumo interno en Brasil o como los programasen las mejoras de Colombia eso hace que los precios van siendo imitados y copiados y es bueno para todos los países. Hay una unión de productores para intereses comunes.