Alberto L. Alemán
Fotos: AP y AFP
Cada día que pasa, revela nuevos detalles de un horror que nadie imaginaba una semana atrás.
El huracán Katrina es el peor desastre natural de Estados Unidos del que haya memoria y por ahora, nadie sabe con certeza cuántos muertos hay y la magnitud del desastre.
¿Cientos? ¿Miles? ¿Decenas de miles? Solamente Dios lo sabe.
La bella Nueva Orleans, cuna del jazz y del blues, vibrante, musical, encantadora, portentosa, quedará así en el recuerdo de quienes han vivido en ella o de quienes la visitaron. Ha sido abatida.
Se convirtió en el lugar de escenas salidas de las peores pesadillas que quizás ni un Stephen King hubiese imaginado, o de hasta de un ensayo del apocalipsis.
En medio de la inenarrable tragedia, los aspectos más abyectos del ser humano afloraron en medio de un caos: los saqueos, las violaciones y los asesinatos se apoderaron de una ciudad aterrorizada e impotente rodeada de agua y de cadáveres por doquier.
Esta semana ha sido la más terrible para la nación del norte desde el 11 de septiembre de 2001. Una que dejará huellas permanentes en las mentes de los que vivieron un infierno en la Tierra. Corrieron, lloraron o gritaron con los ojos presos del miedo, lágrimas, desesperación.
El alcalde Ray Nagin, había pedido la evacuación temprana porque “tenemos miedo a Katrina”. Fue muy tarde. La furia natural embistió y convirtió a Nueva Orleans en la “ciudad del miedo”.