Entre el testimonio y el rescate

La Academia Nicaragüense de la Lengua ya ha reconocido a Carlos Mejía Godoy. El año pasado organizó un homenaje a su trayectoria creadora, cuyos textos -escritos para esa ocasión- ahora se publican. Con ellos, nuestra corporación le reitera su admiración. Academia Nicaragüense de la LenguaPor Jorge Eduardo Arellano Entre el testimonio y el rescate ha […]

  • La Academia Nicaragüense de la Lengua ya ha reconocido a Carlos Mejía Godoy. El año pasado organizó un homenaje a su trayectoria creadora, cuyos textos -escritos para esa ocasión- ahora se publican. Con ellos, nuestra corporación le reitera su admiración.

Academia Nicaragüense de la LenguaPor Jorge Eduardo Arellano

Entre el testimonio y el rescate ha oscilado la extraordinaria labor musical de Carlos Mejía Godoy, el más fecundo de los compositores nicaragüenses durante la segunda mitad del siglo XX y nuestro cantautor de mayor proyección popular e internacional. Nos referimos al testimonio revolucionario que protagonizó en los años previos a la caída de Somoza y al rescate interpretativo -integrando la «Brigada de Salvación del Canto Nacional»- de numerosas piezas folklóricas. A través de estas aportaciones paralelas, llegó a ser el trovador moderno que hoy continúa vivo y constituye uno de los baluartes humanos de nuestra identidad.

Después del terremoto de 1972, se integró al grupo «Gradas» y oportunamente fundó el «Taller de Sonido Popular», acompañado de Humberto Quintanilla, Milcíades Herrera, Enrique Duarte, Silvio Linarte y Pablo Martínez Téllez, «El Guadalupano». Al final de los 60, ya había iniciado su carrera en la «Radio Corporación», componiendo «Chinto jiñoguajo» y creando un personaje («Corporito»). «Cantaba todos los días una parodia, cambiando las letras a las canciones conocidas y adaptándola a algún problema político y social. Este me permitió descubrirme como comunicador» -recordaría en 1993-

En los 70, sin embargo, su canto fue arrollador, identificándose con las esperanzas e ilusiones de las mayorías, creando o retratando personajes populares («Terencio Acahualinca», «Panchito Escombros», «Clodomiro el ñajo», «María de los guardias», siendo esta pieza acaso la de mayor dimensión nacional porque era compartida y disfrutada también por los miembros de la institución armada de la dictadura). Asimismo, Mejía Godoy denunció las tropelías de la estructura gobernante («Las mujeres del Cuá», «El juez de Mesta», «La consigna», «Venancia», «Tomasito el cuque» con letra de Pablo Antonio Cuadra) y promoviendo el valor y la necesidad del combate («No se me raje mi compa», «Muchacha sandinista»), además de proseguir la línea tradicional del son «nica» («Que viva Managua», «Alforja campesina»), de obtener un tono personal más lírico y emotivo («Abuelita», «Aquel almendro de onde la Tere») y asimilando los contenidos liberadores del Evangelio («El Cristo de Palacagüina»).

En esta línea, su mejor obra fue haber escrito buena parte y arreglado la «Misa Campesina Nicaragüense», en la que participaron no sólo músicos pertenecientes a la «Brigada de Salvación del Canto Nacional», sino dos compositores invitados: el miskito Anselmo Nixon y «El Guadalupano» con su famoso «Canto de meditación» (o de los pájaros). Toda ella ensayada y producida con los campesinos de Solentiname y el apoyo, por supuesto, de Ernesto Cardenal. Carlos eligió un son de pascua («alegre, pueblerino») para el Canto de Entrada; una mazurca campesina del Norte (música triste, melancólica, nostálgica) para el Kyrie, un son de toros (el son de los «chicheros») para el Gloria, un son de marimba para el Credo; otras dos mazurca para el Ofertorio y el Santo y un «son nica» para el canto de la Comunión.

A este hito colectivo, pionero a nivel latinoamericano, siguió otro personal: haber ganado el primer lugar en el Festival de la OTI (Organización de la Televisión Iberoamericana), celebrado en noviembre de 1977, en Madrid, con la canción «Quincho Barrilete». Interpretada por «Guayo» González, consagró a Mejía Godoy en España, ofreciendo una nueva y lozana expresión musical e idiomática: la de nuestra rica y singular habla. Es por ello que la Academia Nicaragüense de la Lengua y el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica decidieron convocar este reconocimiento que merece desde hace mucho tiempo. El año pasado lo concebimos y hasta ahora podemos llevarlo a cabo.

Sus éxitos y premios en España son muy conocidos. Pero personalmente quisiera agregar que tuve tres experiencias con su música en Europa. Un taxista madrileño, al enterarse de mi nacionalidad, silvó la melodía de «Clodomiro ñajo». En un autobús que cruzaba la isla de la Gran Canaria, durante un Congreso de Escritores, la radio sólo ofreció composiciones de Carlos durante un largo trayecto. Y en Suecia también las escuché, tocadas por un conjunto sudamericano. Mejía Godoy, por tanto, ha sido el máximo embajador cultural de Nicaragua en el mundo.

No detallaré otros muchos logros de Carlos Mejía Godoy, sino únicamente el que realizó de los Cantos de Cifar de Pablo Antonio Cuadra, con la admiración que siempre profesó a nuestro antecesor y maestro. Precisamente PAC se refirió a «Son tus perjúmenes mujer», pieza rescatada en Cosigüina por el grupo de «Los Bisturices Armónicos» (César Ramírez, César Zepeda y Wilfredo Alvarez) que aborda de manera ingenua -aunque profundamente erótica- el perfume femenino, despertando un deseo de recuperación casi perdido para el amor: el olfato. Esta canción folklórica llevó a Carlos Mejía Godoy, cuando la interpretaba, a la cúspide de su popularidad musical y discográfica.

Su posterior obra, afiliada a la revolución y a su propaganda, no desmereció cualitativa ni cuantitativamente; pero su mensaje carecía de la vibrante trascendencia de los 70. Carlos Mejía Godoy -con sus múltiples y memorables composiciones- tiene asegurado un lugar en el corazón del pueblo.

Cantando en un barrio de Managua (1975)

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