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Papa pide libertad para Iglesia venezolana
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CIUDAD DEL VATICANO.- El Papa Benedicto XVI mostró su esperanza de que “se disipen las actuales dificultades” en las relaciones entre la Iglesia y el Gobierno de Venezuela e insistió en que la primera necesita “libertad para ejercer su misión”.
Así lo manifestó en el mensaje que dirigió al nuevo embajador de Venezuela ante la Santa Sede, Iván Guillermo Rincón Urdaneta, quien ayer presentó sus cartas credenciales ante el Papa.
Benedicto XVI aludió a un discurso pronunciado por Juan Pablo II al Cuerpo Diplomático ante la Santa Sede el pasado enero, en el que el fallecido Pontífice aseguraba que “no hay que temer que la justa libertad religiosa sea un límite para las otras libertades o perjudique la convivencia civil”.
“Al hacer mías estas palabras, espero vivamente que se disipen las dificultades actuales en las relaciones Iglesia-Estado y se vuelva a una fecunda colaboración en continuidad con la noble tradición venezolana”, señaló hoy el Papa Ratzinger.
ESTADOS NO DEBEN TEMER
Insistió en que la Iglesia “necesita libertad para ejercer su misión, escoger a sus Pastores y guiar a sus fieles”, antes de asegurar que “los gobiernos de los Estados nada deben temer por la acción de la Iglesia” porque ésta sólo busca cumplir “su misión religiosa”.
Por eso, agregó, “reclama poder disponer, de modo estable, del espacio indispensable y de los medios necesarios para cumplir su misión y su servicio humanizador”.
Benedicto XVI hizo hincapié en que, “respetando las respectivas competencias, hay numerosos ámbitos en que resulta conveniente establecer diversas formas de colaboración fecunda entre el Estado y la Iglesia”, con el objetivo común del desarrollo de las personas y la promoción de un espíritu de convivencia.
RELACIONES TENSAS
La jerarquía católica de Venezuela y el gobierno de Hugo Chávez mantienen tensas relaciones desde que el segundo era candidato en 1998, y que empeoraron tras el golpe de Estado en abril del 2002, que derrocó al gobernante durante 48 horas.
En aquel momento, el entonces jefe de la Iglesia, el fallecido cardenal Ignacio Velasco, avaló con su firma el decreto del autoproclamado presidente de facto, Pedro Carmona, que abolió las instituciones democráticas venezolanas.
En su discurso, Joseph Ratzinger recordó que la Iglesia Católica, en su misión, “proclama el perdón y la reconciliación que, ofrecido y recibido de corazón, es el único modo de llegar a una concordia estable, sin que las legítimas discrepancias lleguen a convertirse en enfrentamientos agresivos”.