- Se va al Madrid
EFE
SANTOS.- ¡Luces, cámara, acción! Róbson de Souza emergió de la oscuridad del túnel, pisó la grama del estadio Vila Belmiro, donde hace más de medio siglo campeón con su magia Edson Arantes do Nascimento “Pelé”, y dio comienzo al último espectáculo futbolístico de Robinho, de “Robishow”.
El hijo pródigo del municipio paulista de Sao Vicente llegó puntual para su última función en la cancha del Santos, donde toda su historia futbolística comenzó, en 2002.
El delantero, ahora con 21 años, se hizo célebre con sus endiabladas “pedaladas”, una especie de pases mágicos que da al balón con sus piernas en plena carrera hacia la portería mientras sus custodios quedan como anestesiados, atornillados al césped.
La entrada de Robinho a la cancha para enfrentarse al Figueirense en partido de la vigésima primera jornada del Campeonato Brasileño tuvo todas las características de la aparición de una estrella del “pop” en el escenario.
Gritos, flashes de cámara, luces, correría de aquí para allá y al final una multitud de casi 500 personas entre niños-mascota, hinchas, reporteros, policías rodeando al artista.
Si en las tribunas la expectación se tradujo en un hervidero de hinchas nostálgicos, en la cancha la temperatura pareció la de un infierno.
Con tamaño asedio, el menudo jugador fue cargado en hombros por corpulentos escoltas hasta la mitad de la cancha, donde se improvisó un cerco especial para permitirle terminar de calentar.