Cruz Aguilar (a la izquierda) y Rachel Lorena Bonilla (al centro, de dos colitas) hace 25 años, cuando fueron brigadistas en la CNA.

La suma de voluntades

Arlen Pé[email protected] La Cruzada Nacional de Alfabetización (CNA) fue una lucha que unió voluntades, culturas y hasta iglesias, en una sola causa. El padre Fernando Cardenal, sacerdote Jesuita, fue el encargado de coordinar todo este esfuerzo y el mayor donante fue el Consejo Mundial de Iglesias (CMI), formado por iglesias protestantes, con su sede en […]

Arlen Pé[email protected]

La Cruzada Nacional de Alfabetización (CNA) fue una lucha que unió voluntades, culturas y hasta iglesias, en una sola causa. El padre Fernando Cardenal, sacerdote Jesuita, fue el encargado de coordinar todo este esfuerzo y el mayor donante fue el Consejo Mundial de Iglesias (CMI), formado por iglesias protestantes, con su sede en Ginebra.

El contacto con el CMI lo hizo el pedagogo brasileño Pablo Freire. “Le contamos de la revolución y la cruzada, se entusiasmó. El teléfono estaba en el suelo, no teníamos una mesita siquiera para poner el teléfono. De rodillas marcó al Consejo Mundial de Iglesias y escuché que decía que la revolución era como una niña, bella, limpia, pura y la Cruzada es algo maravilloso, bellísimo, va a ser un éxito”, relató Cardenal.

Agregó que aunque no recuerda de cuánto dinero fue la donación del CMI, aseguró que ascendió a más de cien mil dólares.

Cardenal por su parte donó su salario, pero para esto se requería de la aprobación de su comunidad jesuita. “Doné mi sueldo íntegro a la Cruzada, todos los meses. Mi comunidad jesuítica, que era pequeña entonces, asumió ese costo de tenerme en la comunidad sin que aportara un centavo”, comentó.

Otro de los aportes significativos fue el del Sindicato de Obreros de Suecia, el cual envió lámparas Coleman, con las que los brigadistas se alumbraron por las noches para impartir clases.

Cardenal debió reunir material para los más de 60 mil brigadistas, sobre todo porque se les quería proteger con uniformes. “Comenzamos a ver que era muy importante que fueran con uniforme, para que fueran reconocidos en todas partes de la montaña, que fueran respetados, apreciados y protegidos”, argumentó.

Uniformar a los brigadistas implicó 120 mil cotonas, pantalones, 60 mil botas, mochilas, hamacas y un millón de ejemplares de la cartilla de alfabetización.

El coordinador de la CNA comentó que tuvieron que salir a Centroamérica para comprar todas esas cosas, las cartillas por ejemplo fueron impresas en Costa Rica.

Cardenal sacaba cheques sin fondo, en tanto llegaba el dinero de las donaciones, porque se había declarado el Año de la Alfabetización. Pero en un momento Arturo Cruz, entonces presidente del Banco Central, le dijo que había un sobregiro.

Con “cara de tragedia”, Cardenal regresó a su comunidad jesuita y el padre Xabier Gorostiaga, quien solucionaba los problemas presentes viendo al futuro, le dijo: “Esperemos que amanezca en Ginebra y vamos a llamar al Consejo Mundial de Iglesias”.

Cardenal no quería solicitar más financiamiento al CMI, porque esa institución ya había aportado a la CNA, pero Gorostiaga tenía otros planes. “Me dijo: Vamos a pedirles que nos manden un telex a tu oficina. Que te digan que hay gran entusiasmo en Europa por la Cruzada Nacional, se organiza un pool de agencias que van a enviar una gran cantidad de dinero. Te vas con ese telex y le decís a Arturo Cruz, hombre de poca fe, por qué has dudado”, relató Cardenal, aunque le advirtió que tenía que hacer eso realidad.

El Coordinador de la CNA siguió al pie de la letra el consejo de Gorostiaga. El CMI le envió el telex y Cardenal se lo mostró a Cruz —el hombre de poca fe—, asegurándole que las donaciones sí llegarían.

Con el dinero que el Banco Central le dio, confiando en que las donaciones llegarían, mandó a tres personas a Europa, una representando al Frente Guerrillero, otra a la Cruzada y un hermano de La Salle, en nombre de la Iglesia.

“Anduvieron por toda Europa haciendo verdad lo que el telex había dicho. Comenzó a llegar dinero de todos lados, porque peinaron toda Europa de tal manera que tuvimos dinero hasta el final, terminamos sin deberle un centavo a nadie”, afirmó Cardenal.

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