- Los brigadistas recuerdan el temor, alegría y la satisfacción de una tarea cumplida. La victoria ante la ignorancia quiere retomar hoy un ejemplo para la juventud nicaragüense, para que no crezca con la idea de que el ser humano sólo puede ser corrupto y yoquepierdista
Arlen Regina Pérez [email protected]
Para los más de 60 mil jóvenes que participaron en la Cruzada Nacional de Alfabetización (CNA), enseñar a leer y escribir fue toda una batalla, donde el temor, el orgullo y la satisfacción de cumplir con un deber nacional se conjugaban en sus mentes y en sus corazones.
Corazones fuertes que mantuvieron firme este propósito a pesar de las dificultades, que fueron similares a las de un combate, como los “Milpas” o enemigos de la revolución que amenazaban con “sacarles los ojos a los brigadistas con los mismos lápices con los que enseñaban a leer”.
“Sentíamos temor porque andaban los famosos ‘Milpas’ y cada vez que mirábamos luces en el camino nosotros creíamos que eran ellos y en algún momento nos sentíamos indefensas, éramos todas mujeres y no teníamos armas, nuestras únicas armas eran el cuaderno, la cartilla, los lápices, las pizarras”, recuerda Melba Cruz Aguilar, de 46 años, brigadista, ahora egresada de la carrera de Psicología y a cargo de Cisas Ocotal.
EL DELITO DE ENSEÑAR
“Un día me avisaron que las amenazas se habían comenzado a cumplir. Había sido una cosa atroz, a una adolescente (Martha Lorena Vargas Amador) le pegaron un tiro en la cabeza por enseñarle a leer a los campesinos. Ése era todo su delito”, recuerda el padre Fernando Cardenal, Coordinador de la Cruzada Nacional de Alfabetización.
Cuando Cardenal bajó del helicóptero, entre El Zúngano y El Olingo, Quilalí en el departamento de Nueva Segovia, donde mataron a Martha Lorena, sintió recorrer por sus venas el temor de que los jóvenes abandonaran la CNA. Pero fue recibido por 29 brigadistas, quienes en posición de firmes entonaron dos consignas: “Ni a balazos ni a patadas nos sacarán de la cruzada” y “La Patria no será totalmente liberada hasta que no esté alfabetizada”.
Después de ese incidente, vinieron otros. “Hasta siete asesinados, pero nadie se bajó de la Cruzada”, expresó Cardenal.
Otros brigadistas fallecieron por accidentes en las montañas, las bajas de esta batalla sumaron 59 en total, hoy héroes y mártires de la alfabetización.
CAMBIO DE DIETA
Han pasado 25 años desde la CNA, que hizo a Nicaragua merecedora de la medalla Nadezhda Krupskaya, otorgada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
Luego de un cuarto de siglo, los jóvenes recuerdan cuando montados en camiones cantaban: “Avancemos, brigadistas, guerrilleros de la Alfabetización”. Hoy sacan del cementerio de historias ejemplos de esperanza y de honor, entre ellos que el temor sólo es vencido cuando hay algo más importante que el miedo.
Además de poner en riesgo sus vidas, los brigadistas de las zonas urbanas debieron lidiar con otras dificultades, como adaptarse al cambio de cultura, que incluía alimentarse como los campesinos, con guineos, tortillas y frijoles en los buenos tiempos.
“Lo más duro era la alimentación, porque en esas comunidades donde el acceso a los alimentos es difícil, a veces sólo comíamos guineo cocido con cuajada o queso”, relató Celia Mayra Gómez, originaria del municipio de Mozonte, y miembro de la escuadra Leonardo Matute, llamada así por el Instituto de Ocotal.
En 1980 Gómez tenía 18 años. Ahora es maestra y asegura que tomó ese camino por la experiencia de la CNA. “Aprendí que todos tenemos los mismos derechos, las mismas oportunidades”, dijo.
Lo que más le costó a Gómez fue aprender montar a caballo, pero fue su “familia del campo”, como llama a sus alfabetizados, la que le animó a alcanzar esta meta. Además, como ella misma dijo, “cuando uno ya está en el macho, tiene que jinetearlo”.
VIDAS MARCADAS
Como en las guerras, la CNA dejó cicatrices que marcaron la vida de los brigadistas y campesinos. Hoy recuerdan aquellos momentos en que su machete era una cartilla, “para aniquilar de un tajo la ignorancia y el error”.
El odontólogo Carlos Alfonso Tercero Moncada, quien fue brigadista en Murra, zona fronteriza con Honduras, considera que la marca de esta generación radica en que ven las cosas desde un punto de vista más humano, no mercantilista.
Viejas fotos de la época de la alfabetización, que mostramos a Tercero Moncada, le traen recuerdos imborrables, pero sobre todo colocan en su memoria el sello de su vida. “En las fotos veo compañeros que hoy son profesionales y están poniendo en marcha este departamento”, comentó.
La marca es tan grande en algunos brigadistas que consideran que la alfabetización fue como el inicio de sus vidas, tal como ocurrió con Marcio Rodríguez Vallecillo, quien en 1980 estaba en sexto grado cuando partió a alfabetizar.
“Fue el inicio de mi vida. Antes de la Cruzada no me dejaban salir a ningún lado, ni siquiera a las dos cuadras. Si salía a las dos cuadras era una mecateada la que me daban. Después de la Cruzada yo tenía toda la libertad de salir, pero una libertad para aprender buenas cosas. La Cruzada fue una experiencia que nos desarrolló, nos hizo ser hombres, entender la vida a como es”, aseguró Rodríguez, actual estudiante de Ingeniería en Diseño y Construcción.
ALUMNOS DIFÍCILES
Los brigadistas escribieron en mantas “Juramos vencer”, y vencieron. Logrando la hazaña educativa más grande a nivel nacional, alfabetizando a más de 406, 056 nicaragüenses, pasando de 50.3 por ciento de analfabetismo a 12.9 por ciento.
Algunos han visto a sus alumnos después del cierre de la CNA, como Rachel Lorena Bonilla López, de 46 años, quien ahora trabaja en un proyecto de alfabetización del Instituto de Promoción Humana (Inpruh) de Ocotal.
“Había un niño al que no le gustaba estudiar y cuando yo me levantaba, él ya no estaba en la casa. Pedí gas para la lámpara y le daba clases de seis a nueve y cuando ya aprendió, hasta las once de la noche. Ese niño leía todos los papelitos que encontraba en el suelo, recuerdo que recogía las bolsas de shampoo y leía todo lo que decían, ésa fue la primera palabra que me leyó: shampoo. Ahora lo encuentro en Ocotal vendiendo en el mercado y siempre se acuerda de mi”, expresó Bonilla.
LOS OTROS HÉROES
El padre Fernando Cardenal aseguró que los padres y madres de los brigadistas se volvieron héroes junto con sus hijos, por haberlos dejado ir a alfabetizar y no regresarlos, a pesar de las amenazas y las dificultades.
Edwin Rivera López, maestro, de 45 años, quien todavía conserva el mosquitero original de los brigadistas, fue responsable de seis comunidades del municipio de Murra. Para el tiempo de la Cruzada Nacional de Alfabetización (CNA), recuerda que su mamá le mandaba azúcar y pinol, lo que le ayudó en los momentos duros.
“Era difícil adaptarse a la alimentación. Recuerdo que mi mamá me mandaba azúcar y pinol. A la casa que llegaba me daban un bocadito, pero en el transcurso que eran horas, me tocó la hora del hambre y no habían casas cerca. Encontré una casa y me vi obligado a pedir comida, me dijo que sólo tenía tortillas de trigo, eran grandes y como negras. Andaba azúcar y con eso me la comí, como taco”, relató Rivera.
HEROÍSMO O YOQUEPIERDISMO
La ignorancia, enemigo de los brigadistas, ha retomado fuerzas, y de acuerdo a los datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD) el 22 por ciento de los nicaragüenses no sabe leer ni escribir, pero la Asociación para la Alfabetización Carlos Fonseca Amador dice que la cifra alcanza al 35 por ciento de los nicaragüenses.
Actualmente se realizan dos proyectos de alfabetización. Uno organizado por las alcaldías sandinistas apoyadas por el Consejo Nacional de Universidades, con el método denominado Yo sí puedo, y el Servicio Social Comunitario del MECD, donde participan estudiantes de cuarto y quinto año.
Cardenal confesó que tiene temor por la juventud actual. “Está creciendo con un ejemplo de yoquepierdismo, corrupción. El peligro es que crezcan y crean que la forma del ser humano es ésa”, manifestó.
Es por eso que en su 25 aniversario, los brigadistas y las personas que vivieron la alfabetización, organizaron un movimiento para darle a los jóvenes otro ejemplo, para que puedan elegir, mostrándoles otra forma de ser humanos.
EL VALOR DEL HIMNO
Edwin Rivera López se hizo maestro por la experiencia de la Cruzada Nacional de Alfabetización (CNA), ejerció esa profesión de forma empírica durante cinco años y a los cuarenta logró tener su título de licenciado en Matemáticas.
Cuando ve las fotos donde aparece con sus compañeros, 25 años atrás, entre ellos el odontólogo Carlos Alfonso Tercero Moncada, siente “como cuando uno está en otro país y le ponen su Himno Nacional”.
“Se me enchina el cuerpo y siento una gran satisfacción de haber cumplido porque hice lo que me tocaba en el momento adecuado, haber servido a un montón de gente que lo necesitaba y lo ameritaba”, expresó Rivera.
El mismo Himno Nacional que le recuerda a Rivera su labor de brigadista, fue cantado por Carlos Tünnermann y Miguel De Castilla, Ministro y Viceministro de Educación, respectivamente, en aquel entonces, cuando sobrevolaban suelo nicaragüense, trayendo en sus manos “el anteproyecto de la Campaña Nacional de Alfabetización en el marco del proceso de reconstrucción nacional en la República de Nicaragua”, redactado en julio de 1979 en Costa Rica, mientras se encontraban en el Consejo Superior Universitario de Centroamérica.
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