RICARDO MAYORGA también recibió golpes duros

Esa presión agobia

Se impuso sin espacio a dudas Edgard Tijerino M./Enviado [email protected] CHICAGO.- Un peleador gana por una montaña de puntos, difícilmente pierde un round, obliga al adversario a mantener su barba en remojo derribándolo tres veces, y no gusta su trabajo, ni siquiera a él mismo, como lo dijo en la conferencia de prensa. ¿Qué es […]

  • Se impuso sin espacio a dudas

Edgard Tijerino M./Enviado [email protected]

CHICAGO.- Un peleador gana por una montaña de puntos, difícilmente pierde un round, obliga al adversario a mantener su barba en remojo derribándolo tres veces, y no gusta su trabajo, ni siquiera a él mismo, como lo dijo en la conferencia de prensa.

¿Qué es lo que pretendemos de Ricardo Mayorga, sobre todo, después de 10 meses de haber estado “desconectado” de la actividad, y frente a un rival que se movió permanentemente hacia cualquier lado, manejó cautelosamente la pelea en reversa y estableció como prioridad no ganar, sino sobrevivir al nocaut, como lo hizo el italiano Michele Piccirillo?

No hay duda, nuestra exigencia es voraz.

Al advertir que no había nada que temer, agregando que ya fuera por nocaut, técnico o fulminante, o por puntos, Mayorga ganaría, el pronóstico fue directo, con la sencillez del golpe seco, que taladra la piel y derriba.

EXACTAMENTE ESO OCURRIÓ

Peleador de estilo desmañado, trazador de crucigramas, potente e impetuoso, siempre imprevisible, Mayorga conservó inalterable la noche del sábado, en “El Palacio de Jordan”, esa capacidad para presionar que provoca agobio.

Todos queríamos ver a Piccirillo detenerse y plantarse a cambiar golpes en beneficio del espectáculo, pero el italiano no vino a suicidarse. No, él no es un kamikaze dispuesto a abrirse el vientre con un cuchillo.

Ir a buscar a la fiera equivalía a meterse en la jaula envuelto en salsa de tomate. Ya lo vimos cuando un púgil tan talentoso como Ray “Sugar” Leonard se atrevió con Roberto “Mano de Piedra” Durán. No se entra al infierno silbando. Leonard, con toda su destreza y corazón, nunca más lo volvió a hacer.

Un peleador ferozmente agresivo, dueño de ese punch, que es producto de pinolillo y gallo pinto, repleto de intensidad, es Mayorga, más allá de su poco dominio de la geometría del cuadrilátero, del impreciso manejo de los ángulos. Es algo así como un tractor abriéndose paso en una autopista.

¿En qué pelea, Mayorga no ha desperdiciado golpes, o no ha lucido brusco y sin arte?

Pero ése es él y tenemos que aceptarlo. Es más, yo diría que no lo queremos de otra forma.

Cuando Naseem Hamed enfrentó a Kevin Kelley y estuvo rebotando antes de resurgir, demostró la importancia de mantenerse fiel a su desorden. Y el factor clave de Mayorga es lo indescifrable de su planteo que le agrega una enorme peligrosidad a sus arremetidas. La sabía muy bien Piccirillo, quien para enfrentarlo se preparó para ganar el maratón olímpico y soportar bombas, cuidando de no pararse sobre sus pies y retarlo.

La mejor pelea de Mayorga fue la primera con Vernon Forrest. Su “obra de arte”, su “Mona Lisa”. Producir algo parecido, sólo es para genios, y Ricardo no lo es. Miguel Ángel fue capaz de hacer el David, la Piedad, el Moisés y pintar magistralmente el techo de la Capilla Sixtina. Un fenómeno, como Leonardo.

Mayorga ha sido, es y seguirá siendo rústico. Está bien, porque lo que cuenta son los resultados. Se trata de alguien que incluso perdiendo, ha impresionado. Su voluntad de hierro y terquedad con Cory Spinks y su coraje sin medida para tomar riesgos y resistencia casi antisísmica mostrada ante “Tito” Trinidad, lo identifican como un boxeador especial.

Una vez recobrada la calma, y aceptando que Mayorga pudo conseguir un mejor estado atlético, tenemos que ovacionar su rendimiento traducido en esa ventaja kilométrica en las tarjetas.

No hay rivales haciendo fila buscando cómo retarlo.

ricardo mayorga en plena faena contra Michele Piccirillo, a quien tumbó en tres ocasiones pero no consiguió noquear, en un combate por el título superwelter del Consejo Mundial de Boxeo.

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