- Todos queríamos lanzar una bola submarina
Luis Enrique Duarte/Especial para LA [email protected]
ALEMANIA.- Me ha impactado la noticia sobre la muerte del lanzador Diego Raudez.
Es de esas noticias que te revuelven el estómago y te hacen llorar. Quizá porque uno vuelve a ser niño y quiere agarrar la mano de su papá para sentirse protegido de alguna descomunal experiencia como entrar por primera vez al Estadio Nacional, bajar las gradas y sentarse en una butaca de la zona “palco con sillas” y ver cómo tu equipo favorito se pelea con el equipo de la capital, pero de pronto esa mano no está y el evento descomunal es la muerte a la que uno sólo observa inesperadamente, pues llega en el momento menos esperado.
Como decía el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, “Charles Atlas también muere”, los héroes que ilusionamos de niños se vuelven espejos empañados de otros tiempos y nosotros los que añorábamos a aquellos “grandes” ahora somos los “grandes” para nuestros sobrinos, ahijados y quizá en el futuro para nuestros hijos.
Yo no sé cómo le habrá ido a ustedes, pero yo tuve también mi época en que quería tirar bolas submarinas y ver al equipo de mi ciudad ganar. Era la época en que la realidad no era tan ruda y se jugaba en un terreno de beisbol.
Quizá a muchos de ustedes no les interese leer el texto, pero me disculpan si viejos recuerdos me vienen de pronto y quiero compartirlos como un agradecimiento a aquellos sujetos que me hicieron feliz aunque nunca conocí más que en entrevistas de radio y televisión, tras la malla del Estadio Nacional o en un mundo frágil llamado infancia.
No fue una época fácil, en lo absoluto, pero teníamos tiempo para soñar a pesar de todo.