No repitamos errores

Los conflictos entre hermanos o rivalidad fraterna pueden ser originados por distintos motivos y uno de ellos es la violencia doméstica, ya que los niños aprenden los modelos de crianza. Estudios indican que los varones aprenden el comportamiento de sus papás porque son la figura con la que se identifican, mientras que las niñas lo […]

Los conflictos entre hermanos o rivalidad fraterna pueden ser originados por distintos motivos y uno de ellos es la violencia doméstica, ya que los niños aprenden los modelos de crianza.

Estudios indican que los varones aprenden el comportamiento de sus papás porque son la figura con la que se identifican, mientras que las niñas lo hacen con sus madres.

Por eso, cuando hay violencia en la familia, lo normal es que ésta se refleje de los hermanos varones hacia las hermanas mujeres o de hermanos mayores contra hermanos menores.

La violencia se aprende y cuando está institucionalizada en la familia, se reproduce y se da del papá contra la mamá, la madre contra los hijos, el hijo mayor contra el menor y el menor contra los animales de la casa, los juguetes o los amigos de la escuela.

Esa proyección o reproducción es grave porque se hace presente en otras áreas de la vida del niño y de la niña.

La clave para no propiciar esta cadena de violencia es revisar los modelos de crianza que empleamos con nuestros hijos. La violencia se ha incrementado enormemente y algunas veces los padres vemos como algo normal el gritarle o pegarle a nuestros hijos.

Lamentablemente, detrás del golpe siempre hay mensajes, porque los padres no sólo castigan físicamente sino que además del castigo físico también dicen cosas que lastiman el amor propio del niño o la niña, ya que normalmente no se cuestiona el comportamiento sino a la persona.

El proceso educativo es tan punitivo que en lugar de corregir lo que el niño o la niña hizo mal, se le critica como persona.

Por ejemplo, los padres suelen decir: “no servís para nada”, “sos un burro”. Y en lugar de decir esto, se puede decir: “eso que hiciste lo pudiste hacer mejor”, “vos tenés capacidad para hacerlo” o “lo podés hacer mejor”, “esta vez no lo hiciste bien, pero podés esforzarte por mejorar”.

No tenemos una escuela donde aprendamos a ser mejores padres o madres, de manera que lo hacemos como lo aprendimos, como lo hicieron con nosotros, porque antes de ser padres somos hijos y la tendencia es a repetir el modelo de crianza que usaron con nosotros.

Sin embargo, es sumamente importante hacer un esfuerzo por autorevisarnos y mejorar para cortar con esa cadena de violencia, pues nuestros hijos la repetirán con sus hijos y luego ellos con los suyos.

El contacto físico y las demostraciones de cariño del padre hacia el hijo y la hija, alimentan la relación padre-hijo y eso se proyecta en la relación con su hermano o hermana.

Recordemos siempre que la responsabilidad de educar es muy grande y empieza con el ejemplo que los padres dan.

EN LA EDUCACIÓN

Recomendaciones

Autocrítica. Revise los modelos de crianza que utiliza con sus hijos.

Modelo. Antes de tratar de solucionar un problema de rivalidad fraterna en sus hijos, debe resolver los conflictos que tenga como pareja y ser un ejemplo.

Preguntas. Cuestione cómo le habla a sus hijos; cuánto del tiempo que pasa con ellos, los hace sentir importantes.

Expresión de afecto. Diga a sus hijos cuánto les quiere, demuéstrelo en la práctica.

Contacto. Muestre cariño con caricias y actitudes.  

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