Mié Kohiyama Hiroshima / AFP
A las 08H18 del sábado, al oírse el grave repicar de una campana, la ciudad japonesa de Hiroshima, capital mundial del pacifismo, se paralizó para guardar un minuto de silencio en homenaje a los 140,000 muertos que dejó el primer ataque con bomba atómica de la historia.
Vestidos de negro, los supervivientes y allegados de las víctimas se inclinaron a rezar con los ojos cerrados, apenas perturbados por los gritos de los manifestantes pacifistas que se escuchaban a lo lejos.
“¡Basta de conmemoraciones hipócritas mientras Japón se alía con los norteamericanos para hacer la guerra!”, gritaban los pacifistas, aludiendo al tratado de seguridad estadounidense-japonés y el despliegue nipón en Irak.
El primer ministro japonés Junichiro Koizumi prometió que su país seguiría siendo “un país pacifista y no nuclear”, ante una muchedumbre de 55,000 personas reunidas en el Parque de la Paz de Hiroshima.
Digna y solemne, la ceremonia se celebró en la amplia explanada del Parque Memorial, dominada por el esqueleto del “Domo atómico”, el único edificio del centro de la ciudad que sobrevivió a la bomba del 6 de agosto de 1945.
En el centro de la explanada se eleva el monumento en honor a las víctimas.
A ese mismo lugar, personas de varias generaciones, desde trabajadores uniformados a ancianos en silla de ruedas o caminando con ayuda de un bastón, acudieron a este punto de encuentro con velas encendidas para depositar ramos de margaritas, rosas o girasoles y rezar por sus muertos.
Algunos sobrevivientes aceptaban responder a las entrevistas mientras otros, con los ojos empañados por las lágrimas, abandonaban furtivamente el lugar.
“Si usted me pregunta lo que siento, no puedo explicárselo. Durante más de 50 años después de la guerra, no he podido venir hasta aquí. Tampoco puedo ir a visitar el museo”, afirmó Michie Kakimoto, una mujer menuda de 79 años con la espalda curvada por la edad.
Procedente de Osaka (oeste), Takashi Nishikawa, de 74 años, vivía en Hiroshima en el momento de la bomba atómica.
“La explosión de la bomba me despertó sobresaltado. Tres miembros de mi familia murieron quemados, los otros dos sobrevivieron”, contó.
Shin Hibiki, un anciano en silla de ruedas, estimó que “aunque todo el mundo prefiere reposar en paz en la tumba, estas personas han sacrificado su descanso eterno en nombre de la paz”.
Hibiki hacía referencia a la frase grabada en el monumento: “Que todas las almas reposen aquí en paz porque no repetiremos nunca más este error”.
“¿Error? ¿Qué error? Hay dos errores”, estimó por su parte el presidente de la Cámara de los diputados Yohei Kono: “Un error fue la decisión de Japón de elegir la opción militar. El otro fue recurrir a las bombas atómicas contra civiles, eso es imperdonable, sea cual sea la razón”.