El Rey saudita Fahd y el presidente de EE.UU. Ronald Reagan en un momento previo a un encuentro privado en México, el 23 de octubre de 1981.

Muere rey saudita

Era un líder histórico de Medio Oriente y aliado de EE.UU. Ayudó a la administración Reagan en la conexión Irán-contras EFE RIAD.- El palacio real de Arabia Saudita confirmó el lunes la muerte del rey Fahd, de 82 años, uno de los líderes históricos de Oriente Medio. En el mismo comunicado la Corte indica que […]

  • Era un líder histórico de Medio Oriente y aliado de EE.UU.
  • Ayudó a la administración Reagan en la conexión Irán-contras

EFE

RIAD.- El palacio real de Arabia Saudita confirmó el lunes la muerte del rey Fahd, de 82 años, uno de los líderes históricos de Oriente Medio.

En el mismo comunicado la Corte indica que el príncipe heredero del país, Abdala bin Abdelaziz, ha sido nombrado nuevo monarca del reino, de acuerdo con el artículo cinco de la ley nacional.

El actual ministro saudí de Defensa, Sultán Abdelaziz, ha sido proclamado nuevo príncipe heredero. El funeral por el rey, que se encontraba enfermo desde 1995, tendrá lugar hoy en Riad.

Inmediatamente después de confirmarse el deceso, las cuatro cadenas de televisión saudíes, además de los canales árabes internacionales por satélite, interrumpieron sus programaciones y comenzaron a emitir la recitación de El Corán, el libro sagrado de los musulmanes, en señal de duelo.

El rey Fahd, apartado del poder desde que en 1995 sufriera un derrame cerebral, había ingresado el pasado 28 de mayo en el hospital que lleva su nombre en Riad para someterse a diversas pruebas médicas.

Según fuentes no oficiales, el monarca sufría problemas respiratorios, tenía encharcados los pulmones, y había tenido que ser intervenido quirúrgicamente para practicársele una traqueotomía.

El rey Fahd accedió al poder en 1982, y durante los años de su largo y próspero reinado se labró una fama de hombre de paz, al respaldar varias propuestas para hallar una solución final al conflicto entre árabes e israelíes.

Asimismo auspició los acuerdos que pusieron fin, en 1990, a la larga guerra civil libanesa.

Con la desaparición del rey Fahd, Washington pierde al hombre que transformó la relación de ambos países y cimentó un vínculo militar clave para la política de EE.UU. en la región.

El rey Fahd apostó por Washington en política exterior, a pesar de la alianza de éste con Israel.

Permitió la entrada de 550,000 soldados estadounidenses “infieles” en la península árabe durante la primera Guerra del Golfo, a pesar de autodenominarse “Guardián de las Dos Mezquitas Sagradas” (Meca y Medina).

Además, su política petrolera se orientó hacia la estabilidad de precios y no usó su extraordinario control sobre la producción de crudo mundial como arma de política exterior.

EL SUCESOR

Abdala bin Abdelaziz, Príncipe heredero de Arabia Saudita desde 1982, hermanastro del recién fallecido rey Fahd y heredero del trono, nació en 1924 en Arabia Saudí.

Ha sido hasta ahora vicepresidente primero del gobierno y tiene orientaciones distintas a las del rey Fahd, sobre todo en lo que se refiere a la política exterior, en la que se muestra más conservador y panarabista.

A casi todos los efectos ha llevado las riendas del reino desde hace diez años, cuando Fahd sufrió un accidente cerebrovascular, y se ha mostrado crítico no sólo con Israel, sino también con la presencia de Siria en el Líbano.

En los últimos años ha sido recibido en dos ocasiones por el Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, en la finca de éste en Texas.

EN IRÁN-CONTRAS

El monarca saudita también ayudó a EE.UU. durante los años ochenta a vender ilegalmente armas a Irán, una transacción cuyos beneficios la administración del presidente Ronald Reagan usó para financiar a los contras en Nicaragua. Esta política favorable a Washington no fue fruto de una afinidad natural del rey Fahd hacia Occidente o a los negocios de la familia Bush, que son denunciados por libros de mucha popularidad pero escaso rigor. “Lo que le motivaba era la seguridad nacional de Arabia Saudita”, según explicó a EFE Allen Keiswetter, ex subsecretario adjunto del Departamento de Estado para Oriente Medio.

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