El progreso económico depende de la estabilidad política

Guillermo Cárdenas Montalván Después de escuchar al líder del partido de izquierda en la celebración del 19 de julio, con un discurso confrontativo, retrógrado, utilizando la necesidad y desesperación de un pueblo agobiado y cansado por el desdén de los líderes como este señor que únicamente persigue satisfacción familiar, surge la pregunta, si en su […]

Guillermo Cárdenas Montalván

Después de escuchar al líder del partido de izquierda en la celebración del 19 de julio, con un discurso confrontativo, retrógrado, utilizando la necesidad y desesperación de un pueblo agobiado y cansado por el desdén de los líderes como este señor que únicamente persigue satisfacción familiar, surge la pregunta, si en su lenguaje existe y conoce la palabra “progreso”.

El diccionario definiría progreso como el conjunto de acciones que llevan a una persona, país o región hacia adelante, esto implica un amplio sentido de compromiso, disciplina y obediencia al mandato constitucional de un pueblo ampliamente democrático, en donde los líderes políticos son factores que propician la convergencia y apoyo al estado, respetando las funciones y tareas de cada poder.

En nuestro país Nicaragua, el progreso cada día se hace más arduo y complicado, no existen las condiciones ni el respaldo necesario para emprender esta tarea, más cuando los líderes políticos malgastan su tiempo en gestiones para mantener su hegemonía partidaria y fortalecer el poder político desacuerdo a las conveniencias materiales no ideológicas.

Con los cambios experimentados en la economía mundial, producto de las variaciones del mercado internacional del petróleo y especialmente por los efectos de los ajustes estructurales y la globalización, esta situación se ha agravado sustancialmente, haciendo que la economía se enfrente a una serie de transformaciones sociales, políticas y económicas, que debilitan aún más su ya precaria condición dentro del mercado y que exige cambios radicales en su gestión y en su capacidad productiva y tecnológica.

Nicaragua es uno de los países más pobres del hemisferio, con un ingreso per cápita bajo, indicadores socioeconómicos débiles y una tasa de natalidad lo suficientemente alta como para desequilibrar el pobre sistema económico y ampliar la brecha existente entre los ricos y pobres. El país de Nicaragua seguirá dependiente de la ayuda internacional, de la condonación de deuda externa a través de la Iniciativa de Países Altamente Endeudados (HIPC), la lucha contra la pobreza, y de los derechos humanos.

Es triste ver a nuestro alrededor en el área centroamericana, que nuestro país se deteriora cada día más, mientras que el resto de los países cabalga en busca de alternativas de desarrollo sostenible que les permita lograr mayores niveles de competitividad en lo interno y en la región latinoamericana.

Países como El Salvador, que posee una economía de rápido crecimiento con un 90% de su actividad en manos privadas y un crecimiento promedio del 5% desde 1990. Ahora, la economía está más orientada hacia la fabricación de objetos manufacturados y los servicios, en vez de la agricultura, en donde la población económica agrícola (empleados) ha pasado a formar parte del conjunto de mano de obra de las empresas y donde gran parte del déficit, se está liquidando con las remesas de divisas del mayor número de salvadoreños que trabajan fuera.

El pueblo salvadoreño se ha dado cuenta de la importancia del desarrollo para su país, ha unido sus fuerzas en pro del fortalecimiento institucional que les permita abrir sus puertas al mercado mundial con productos altamente competitivos, su responsabilidad está enmarcada en mantener por sobre todas las cosas la estabilidad política. Para ello, los salvadoreños cerraron las puertas al partido de izquierda quien prácticamente carecía de un plan económico acorde a los acontecimientos y que fijaba sus objetivos en nadar contra la corriente, estos hermanos centroamericanos lograron visualizar el norte y ubicar al peligro del progreso en su lugar.

Tomando este ejemplo cercano, los nicaragüenses debemos luchar por la estabilidad política, llegar al consenso que es la máxima representación del equilibrio racionalizado que permita la unificación de esfuerzos, el cambio de una economía relativamente regulada a una economía cada día más liberalizada exige de líderes políticos que fomenten la paz entre hermanos, que formen parte directa con responsabilidad del progreso de la nación.

Se debe reconocer el trabajo del presidente Bolaños en materia económica, ha logrado inicios satisfactorios de estabilidad macroeconómica y financiera que propician un clima atractivo para la inversión, ha podido tratar con los diferentes actores de la política económica exterior sacando el máximo provecho de las condiciones que favorecen a nuestro país, pero todos estamos claros que esto no es suficiente, falta enlazar la parte macroeconómica con la microeconómica

Para conservar estos logros y darle continuidad depende de los líderes políticos mantener el orden constitucional y la estabilidad para que de esta manera se logre iniciar un proceso de apoyo que tenga por objetivo el progreso de los nicaragüenses. Se debe evitar a toda costa, líderes que propicien la confrontación entre hermanos nicaragüenses, líderes que representen intereses partidarios y familiares, líderes especialistas en tramar zancadillas al pueblo que representan atraso y zozobra al país.

No cabe vacilación de que los desafíos de la Patria son enormes en todos los sentidos, por lo que superar este confuso contexto dependerá de la madurez de los nicaragüenses en identificar y poner en su lugar de forma cívica a los líderes con discursos torpes que ponen en peligro la paz alcanzada con mucho dolor.

El autor es Analista Económico.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí