Mabel Vásquez Orozco
Dijo Daniel Ortega en su tradicional discurso del 19 de julio que los ricos tienen derecho a realizar sus marchas blancas. No entendí esto porque yo asistí a la marcha del 19 de junio y todavía no sé en qué cuenta de banco tengo mis millones de dólares y tampoco sé dónde están mis propiedades que me convierten en parte de la clase pudiente de este país.
Asistí a la marcha no porque soy de derecha, de izquierda o millonaria. Asistí porque es mi deber como nicaragüense y porque no podemos seguir observando pasivos como se consolidan dos mafias que no nos dejan vivir decentes. Aquí son los políticos corruptos los que tienen polarizado y confundido a todo el pueblo, se aprovechan de su sencillez y del deseo de encontrar opciones en los partidos que tanto aman para entronizarse como dueños de un todo. Los caudillos no van a seguir manipulando las conciencias de los humildes que una vez depositaron sus esperanzas en dos perversos.
¿Hasta dónde quieren llegar estos dos señores? Están llegando al límite, tocando fronteras, nuestra paciencia se ha agotado y hemos decidido despertar con voluntad y determinación y esas voluntades decisivas y trascendentales, como lo que pasó en Ucrania, nace de los espíritus devastados y desesperados por las sádicas formas de proceder.
Cuando el caudillaje se convierte en tradición, cuando el buscar opciones y alternativas está prohibido, cuando sabemos que su pillaje ha clausurado posibilidades a la dignidad, cuando nos sentimos asfixiados porque los depravados han destruido la posibilidad de expresar y vivir la libertad, en esos momentos de conciencia los honestos no nos damos cuenta cuánto dinero andamos en el bolsillo.