Tarjeta

Ricardo Reyes V. Quiero felicitar al periodista Alberto Alemán por el artículo referido a las costumbres de los nicaragüenses y la educación que tenemos algunos compatriotas. Me gustó mucho. Esos artículos nos hacen reflexionar sobre las cosas que nos ocurren. Leyendo uno de estos artículos recordé la situación que me tocó vivir en un Banco […]

Ricardo Reyes V.

Quiero felicitar al periodista Alberto Alemán por el artículo referido a las costumbres de los nicaragüenses y la educación que tenemos algunos compatriotas.

Me gustó mucho. Esos artículos nos hacen reflexionar sobre las cosas que nos ocurren. Leyendo uno de estos artículos recordé la situación que me tocó vivir en un Banco cuando llegué un sábado a cancelar una tarjeta, y quien me atendió me dijo muy zalamero que si no quería tomar en consideración mi decisión, me prometió cielo y tierra, los beneficios y un montón de cosas más.

Cuando vieron que no iba a cambiar mi posición, allí se acabó el enamoramiento hacia mí, pues el lunes siguiente llamé para ver si ya era efectiva la cancelación de la bendita tarjeta (ya que me dijeron que tenía que esperar un día hábil) y luego de pasar por la carretera de extensiones, contestadoras y demás atrasos, la dama que me contestó, muy odiosamente, me aseguró que mi tarjeta ya estaba cancelada.

Este trato me dieron porque no les iba a seguir dando dinero por el uso. Prácticamente me tiraron el teléfono. Inmediatamente pensé en el dicho: “Aunque el mono se vista de seda, mono se queda”.

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