La crucial elección del nuevo jefe del BID

Marcela Sánchezwashingtonpost.com Bono, Bob Geldof, Sting, Elton John, Tony Blair, en otras palabras, célebres irlandeses y británicos, están liderando la marcha contra la deuda, las injusticias en el comercio y la pobreza en África. Si logran salirse con la suya, el Grupo de los Ocho países más ricos (G8) se unirá a ellos, junto con […]

Marcela Sánchezwashingtonpost.com

Bono, Bob Geldof, Sting, Elton John, Tony Blair, en otras palabras, célebres irlandeses y británicos, están liderando la marcha contra la deuda, las injusticias en el comercio y la pobreza en África. Si logran salirse con la suya, el Grupo de los Ocho países más ricos (G8) se unirá a ellos, junto con sus políticas comerciales y de ayuda externa al igual que con la atención de sus instituciones financieras como el Banco Mundial.

Para América Latina estos eventos recuerdan que las prioridades de desarrollo del Primer Mundo los aleja cada vez más de la región, donde 15 años de reformas de mercado han aumentado los ingresos muy por encima de los de África. Y, sin embargo, la disparidad de ingresos en América Latina es la más grande del mundo y 222 millones de sus habitantes siguen siendo pobres, de los cuales 96 millones viven en la indigencia.

Atenuar esa disparidad tendrá que ser el reto central del Banco Interamericano de Desarrollo, la institución financiera más grande de la región. Con más de $100 mil millones de dólares de capital y con sus accionistas repartidos entre países latinoamericanos y países desarrollados del mundo, el BID es la principal agencia de autoayuda de América Latina.

Durante los últimos 17 años, las riendas del BID han estado firmemente en manos de su presidente, Enrique Iglesias. El ex canciller uruguayo, elegido al cargo en cuatro ocasiones consecutivas, fue exitoso en gran medida gracias a su habilidad para equilibrar las expectativas de los prestamistas y las demandas de los principales accionistas. Iglesias, sin embargo, ha anunciado su renuncia.

Su reemplazo tendrá que mostrar la misma destreza diplomática pero bajo circunstancias políticas mucho más complicadas. Las relaciones entre Estados Unidos y América Latina se han hecho más cáusticas este año. La elección de secretario general de la Organización de Estados Americanos en la primavera y la asamblea de la OEA del mes pasado en la Florida son señales claras de que el Sur se ve menos como socio y más como adversario del Norte.

Los principales candidatos al prestigioso cargo son el embajador colombiano en los Estados Unidos Luis Alberto Moreno (el candidato preferido de Washington) y el economista brasileño y actual vicepresidente del BID João Sayad (el candidato del Sur).

La buena noticia hasta ahora es que con menos de tres semanas para que los accionistas del banco emitan sus votos, Washington no ha exacerbado los ánimos. Ha mantenido un bajo perfil, permitiéndole a los candidatos buscar el respaldo de los países miembros del banco y de sus principales accionistas en forma silenciosa y más diplomática.

Entre tanto, el Presidente venezolano Hugo Chávez, quien se enorgullece de ser el rival ideológico de Washington en el hemisferio, tampoco ha hecho conocer su preferencia desapaciblemente. Pero claro: Chávez apoyaría a Sayad y trataría de persuadir a naciones caribeñas para que hagan lo mismo.

El ganador debe obtener el apoyo de por lo menos 15 de los 28 países miembros del banco provenientes de las Américas, además de la mayoría de los accionistas. Estados Unidos es el miembro más poderoso, con un 30 por ciento de los votos por acciones bajo su control. Le siguen Brasil y Argentina con un 11 por ciento cada uno.

Si las elecciones terminaran empatadas, otra buena noticia para la región es que existiría un excelente candidato de consenso al cual acudir. Enrique García, el presidente de la Corporación Andina de Fomento, una institución de préstamo multilateral, representa en la práctica el mejor candidato al cargo. A García se le atribuye haber transformado a la CAF en la agencia de desarrollo mejor administrada en América Latina. Como boliviano, sin embargo, su Gobierno es demasiado débil para presentarlo como opción al cargo del BID.

El banco presta en promedio $6 mil millones de dólares al año a América Latina. Pero antes de que continúe repartiendo préstamos, el banco, bajo nuevo liderazgo y en el actual contexto global, debería someterse a una seria autoevaluación para determinar qué tipo de estrategia de desarrollo económico se necesitará para reducir las inequidades en el hemisferio.

Dichas discusiones presuponen un grado de apertura y diálogo que no es común en otras instituciones financieras como el Banco Mundial, donde el G8 normalmente tiene la última palabra. Como lo destaca Nancy Birdsall, ex vicepresidenta ejecutiva del BID y presidenta fundadora del Center for Global Development, “la magia del BID” viene del hecho que cuenta con el apoyo tanto de los prestamistas como de los principales accionistas y ambos comparten la responsabilidad del éxito de la entidad.

A pesar de las discordias políticas en el hemisferio, la elección refleja hasta el momento el tradicional espíritu de cooperación del BID. Es probable que la contienda adquiera cierta beligerancia en los próximos días, pero es crucial que ese terreno de intereses comunes no sufra, especialmente ahora que parece erosionarse con demasiada facilidad en otras instancias hemisféricas.

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