El bosque

Carlos Chamorro Coronel Nada más preciado ni más importante en Nicaragua o cualquier país, que el bosque. Sin el bosque no tendríamos absolutamente nada, ni agua, ni flores, ni plantas, ni por consiguiente, animales entre los que nos contamos nosotros mismos, tratando, eso sí, como seres racionales y conscientes de salvar el hábitat en que […]

Carlos Chamorro Coronel

Nada más preciado ni más importante en Nicaragua o cualquier país, que el bosque. Sin el bosque no tendríamos absolutamente nada, ni agua, ni flores, ni plantas, ni por consiguiente, animales entre los que nos contamos nosotros mismos, tratando, eso sí, como seres racionales y conscientes de salvar el hábitat en que vivimos. Pero esto que parece tan obvio, no lo es.

Todos los días aparecen en los periódicos noticias del enorme daño que le hacen a nuestros bosques. La razón principal es nuestra misma falta de cultura ecológica aún entre los responsables de salvar el patrimonio nacional.

Los únicos entes constituidos para velar por el medio ambiente son Inafor y Marena. Lamentablemente estos entes no son ministerio.

Por otro lado, la solución es promover más participación y compromiso sostenible del recurso, hay que perseguir implacablemente al tráfico ilegal a través de las leyes ya existentes, o sea la Ley Forestal y Ambiental. Pero mientras no se fortalezcan con recursos no podremos hacer lo suficiente.

Hay que dotar de un presupuesto realmente instrumentos para promover desarrollo forestal, que es la mejor forma de detener la ilegalidad. Si es necesario, elevarlo a categoría de ministerio para que promueva restaurar las fuentes de agua y oxígeno. Hagamos cada quien lo que nos compete y lo que podamos para salvar nuestros bosques ordenando y racionalizando la producción maderera, por un lado, instalando proyectos de inversión en desarrollo y nuevas tecnologías en las áreas de la llamada frontera agrícola.

Tanto ONG y asociaciones de ambientalistas con tantos fondos internacionales para disminuir la pobreza, que actúen y dejen de criticar. Y desde luego, como recomienda el Banco Mundial, empezar seriamente a reforestar el bosque como manda la ley. De otra manera nuestro bello país sería pronto un desierto por culpa de nuestra propia desidia y negligencia.

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