Leopoldo Villalta López
Cuando vi en TV la información de que los ocho países más ricos condonaron nuestra deuda con el BM y FMI, lógico era sentirse alegre. Pero en este extraño país esa noticia causa más angustia y zozobra. Ahora los que manejan la política y viven muy bien gracias a ella, buscarán cómo afianzarse mejor en sus respectivos cargos. Unos dictarán leyes que les permitan agarrar su tajada, otros inventarán cargos y puestos para sus allegados como una oficina encargada de coordinar la lucha contra la pobreza con presupuestos de diez mil dólares mensuales para su director.
Cuando el huracán Mitch, llegó una donación de mil millones de dólares de los cuales el 50 por ciento fue para proyectos de emergencia con danza de millones incontrolables en las licitaciones amarradas, pero algo se hizo. El otro 50 por ciento, al bolsillo de muchos “luchadores” contra la pobreza.
Al campesino, al obrero, al desempleado y a los niños de los basureros nunca les llega nada. La gente pobre sólo consigue cuando presta en las microfinancieras que son ONG con lucro sin fin, propiedad de reconocidos personajes de la vida política nacional. Estas ONG son legales pero no todo lo legal es honrado. Sin embargo, ellos piensan que la vergüenza pasa y la comodidad queda en casa.
La buena noticia es que esta gran oscurana anuncia un pronto amanecer y nos ha unido a todos contra tanta corrupción que desaparecerá con la ayuda de Dios.