Testigo debe hablar

Luis Navarro Si Su Eminencia, el cardenal Obando, fue nombrado testigo de las conversaciones entre los delegados de dos partidos políticos y representantes del Poder Ejecutivo, en el llamado diálogo nacional, era para que un ciudadano notable del país, de posición neutral ante los dialogantes y a los temas a discutir, diera fe de lo […]

Luis Navarro

Si Su Eminencia, el cardenal Obando, fue nombrado testigo de las conversaciones entre los delegados de dos partidos políticos y representantes del Poder Ejecutivo, en el llamado diálogo nacional, era para que un ciudadano notable del país, de posición neutral ante los dialogantes y a los temas a discutir, diera fe de lo que ahí se iba a acordar, para su posterior, cabal y correcto cumplimiento.

Sin embargo, después de las primeras rondas del famoso diálogo, los delegados del FSLN y el PLC, ya de regreso en la Asamblea Nacional, con sus credenciales de diputados, modificaron leyes, crearon instituciones y eligieron funcionarios y magistrados, dicen ellos que según lo acordado en el diálogo pero sin el consenso con el Poder Ejecutivo. En realidad, ¿qué sucedió en esas reuniones? ¿Qué vio y que escuchó el testigo? ¿Cuáles son los acuerdos conseguidos? Aún es tiempo de que Su Eminencia hable. Él tiene una enorme responsabilidad con su pueblo, como testigo, como Pastor, como nicaragüense. No debe rehuirla. La verdad de lo que ahí se dijo y se acordó no es secreto de confesión y él no necesita autorización de nadie para explicarle al pueblo, en un testimonio certificado, cual es esa verdad.

El Cardenal debería tomar en cuenta que como consecuencia de las acciones tomadas por los poderes Ejecutivo y Legislativo, sin que el pueblo comprenda qué es lo que en realidad está pasando, Nicaragua entera ha entrado en un caos que tiene como marco, su silencio. Hubo Estado de Emergencia y suspensión de derechos ciudadanos, nombramiento de funcionarios de instituciones paralelas y persecución a otros funcionarios gubernamentales y renuncia de ministros.

La OEA llegó al país con una representación del más alto nivel. Unos la repudian, otros la aceptan, pero todos coinciden en que no debe ser testigo de futuros diálogos nacionales o patrióticos. Sin embargo, habría que pensar, si nosotros los nicaragüenses una vez más estamos demostrando que no somos capaces de resolver nuestros problemas económicos, sociales y políticos, con diálogo o sin él, sin testigos o con él.

Si Su Eminencia quiere seguir siendo testigo de cualquier futuro diálogo, todavía es tiempo, debe hablar.

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