Lotería contra la pobreza

Marcela Sánchezwashingtonpost.com Si existiera una lotería para acabar con la pobreza, Honduras tendría el billete ganador. Durante el fin de semana el Grupo de los Ocho países más industrializados anunció que acordaron hacer “la más grande liquidación de deuda que el mundo haya visto”, beneficiando a algunos de los países endeudados más pobres, incluido Honduras. […]

Marcela Sánchezwashingtonpost.com

Si existiera una lotería para acabar con la pobreza, Honduras tendría el billete ganador.

Durante el fin de semana el Grupo de los Ocho países más industrializados anunció que acordaron hacer “la más grande liquidación de deuda que el mundo haya visto”, beneficiando a algunos de los países endeudados más pobres, incluido Honduras. El lunes, el programa de ayuda para el desarrollo del presidente Bush, conocido como la Cuenta del Reto del Milenio, convirtió a Honduras en el primer país latinoamericano y el segundo en el mundo en beneficiarse del programa. El martes, el polémico Tratado de Libre Comercio para Centroamérica, entre Estados Unidos, Honduras y otras cinco naciones (Cafta), superó su primera prueba real en el Senado estadounidense.

Al combinar el comercio, la ayuda y el perdón de deuda, lo que logra Honduras es una mezcla de las tres grandes estrategias para la reducción de la pobreza que han sido promovidas desde la izquierda y la derecha.

—Por décadas, iglesias, organizaciones no gubernamentales y grupos estudiantiles han abogado por el alivio de la deuda y el aumento de la ayuda a naciones azotadas por la pobreza. Honduras actualmente paga un 15 por ciento de su presupuesto nacional anual, cerca de US$250 millones, en el servicio de su deuda. Si toda la deuda multilateral se condona, Honduras vería una ganancia inesperada equivalente a seis veces lo que actualmente gasta en medicinas o 12 veces lo que invierte en meriendas escolares, según me dijo el Presidente de Honduras, Ricardo Maduro. Con la Cuenta del Milenio, Honduras deberá recibir 250 millones de dólares en los próximos cinco años para ayudar a los pequeños agricultores a ser más competitivos y llevar sus productos al mercado.

—Al menos por un década, empresarios y promotores del mercado han estado impulsando acuerdos como el Cafta que comercialmente integrarían más al hemisferio. Cafta abriría un mercado entre sus naciones miembro valorado en 32 mil millones de dólares, cuyo efecto entre los pobres podría ser significativamente positivo.

Puede que Honduras se haya ganado la lotería, pero desde luego existe el peligro de que derroche sus ganancias. La segunda nación centroamericana más pobre —un 64 por ciento de su población vive con menos de 2 dólares al día— es vista también como la segunda nación más corrupta de Centroamérica.

Maduro está plenamente consciente de lo que está en juego. El economista de Stanford destaca que su administración ha enfrentado la corrupción con firmeza. Durante sus tres años de gobierno, Maduro ha llevado a la justicia a más de 80 empresarios involucrados en crímenes financieros, sancionado a más de 2,000 empresas por evasión de impuestos y contratado a funcionarios de aduanas por medio de un proceso competitivo con convocatoria pública.

A pesar de estas ganancias, Honduras tiene que recorrer todavía mucho camino para limpiar su imagen. Maduro hizo esfuerzos para fortalecer el Consejo Nacional Anticorrupción, estableciéndolo por acción legislativa y dándole un presupuesto operativo. Pero el Consejo no se ha reunido por más de un año y medio, según Germán Espinal, su ex director ejecutivo.

Honduras es además uno de los primeros países en la región en eliminar la inmunidad de ex funcionarios públicos incluidos los presidentes que enfrenten procesos judiciales. Pero, la Fiscalía General hondureña ha archivado suficientes casos de corrupción, como lo hizo el año pasado en beneficio del ex presidente Rafael Callejas, como para que la inmunidad parezca innecesaria. La Fiscalía está tan manchada que en un gesto poco usual la Embajada estadounidense en Tegucigalpa anunció públicamente a comienzos de este mes su decisión de revocarle la visa de Estados Unidos al fiscal general adjunto.

No sorprende que algunos hayan tomado con cautela las buenas noticias. El cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, un inagotable promotor del alivio de la deuda y la ayuda externa, dijo el lunes en la noche, en una entrevista transmitida a nivel nacional por el Canal 5 de Honduras, que “esto nos debe llenar de alegría” pero lo hará sólo cuando Honduras acabe con su “adicción” a la corrupción.

“¿Cómo podemos progresar con una Honduras así?”, preguntó Rodríguez, cuyo nombre figuró en todas las listas de candidatos a Papa. “Yo creo que si esto no cambia, de nada servirá cualquier alivio de deuda o cualquier donación que nos venga”.

Rodríguez, una de las figuras más populares del país y frecuente aliado del Presidente en momentos de crisis, estima que ésta puede ser la “segunda y (tal vez) la última” oportunidad para que Honduras se deshaga sustancialmente de la corrupción.

La primera vino hace más de 30 años cuando el país centroamericano fue golpeado por el Huracán Fifí matando a más de 10,000 personas. La comunidad internacional respondió con miles de millones de dólares para ayudar a reconstruir al país y mitigar el sufrimiento de su gente. Pero un 40 por ciento de la ayuda, dijo Espinal, terminó en los bolsillos de políticos y funcionarios. Y así el huracán, agregó Espinal, creó a los “nuevos ricos” de Honduras y dejó al resto indigente, tal como permanece la mayoría hoy en día.

(c) 2005, Washington Post Writers Group

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