Chauncey Billups azotó el aro contra las Espuelas el jueves.

Spurs, derretidos

Edgard Tijerino [email protected] Ver a los Spurs de San Antonio sometidos a una tortura fría, calculada, científica, durante los dos últimos juegos de la Final de la NBA frente a los Pistons, nos parece algo surrealista. ¿Es éste el mismo equipo que impuso su superioridad con cierta arrogancia y el argentino Manu Ginobili brillando tan […]

Edgard Tijerino [email protected]

Ver a los Spurs de San Antonio sometidos a una tortura fría, calculada, científica, durante los dos últimos juegos de la Final de la NBA frente a los Pistons, nos parece algo surrealista.

¿Es éste el mismo equipo que impuso su superioridad con cierta arrogancia y el argentino Manu Ginobili brillando tan intensamente como París de noche en los dos primeros juegos?

Uno piensa rascándose la cabeza: “No, no puede ser”.

Pero lo es. Ginobili se ocultó de pronto, Duncan perdió ritmo, el súbito decrecimiento de Tony Parker es alarmante y la tan promocionada defensa de San Antonio, ha sido derrumbada estrepitosamente. Naturalmente, llegó el caos.

La ventaja de los Pistons por 31 puntos en el cuarto juego 102-71, lo dice todo. Es un reflejo exacto de lo que se produjo y se vio en la cancha del Palacio de Auburn Hill, en Detroit. Un equipo dominante que supo siempre qué hacer, y otro desorientado, desarmado.

Con seis hombres marcando más de 10 puntos, los Pistons que parecían campeones “amortajados” después de las derrotas por 84-69 y 97-76 en San Antonio, han logrado un resurgimiento improbable, imponiéndose 96-79 y 102-71, para equilibrar la serie que sigue el domingo en Detroit.

El incontrolable y en ocasiones fantasmal Chauncey Billups, anotó 17 puntos igual que Lindsey Hunter, en tanto Rasheed Wallace concretó 14, Antony McDyess 13, Richard Hamilton 12, y Ben Wallace 11. Eso es lo que se califica como una correcta distribución de esfuerzos.

La Final soñada por el público norteamericano entre los Heats de Miami con Shaquille y Dwayne Wade, y los Soles de Phoenix, fue confiscada por estos dos equipos que avanzaron. Los Spurs impactando con su solidez y los Pistons con sus agallas, intentando defender el título obtenido el año pasado.

¿Será que el desgaste a que los obligaron los Heats tomando ventaja de 3-2 y alargando la final de Conferencia a 7 juegos, afectó mucho a los Pistons en las dos primeras batallas?

De regreso a Detroit ellos se han reabastecido de combustible, y establecido nuevamente contacto con la inspiración. En el cuarto juego, dieron la impresión de estar con un hombre más en la cancha, tal fue la multiplicación de imágenes robando pelotas, atrapando rebotes, triangulando, consiguiendo espacios y disparando.

Aquello fue enloquecedor por momentos, y se cree que la ventaja sicológica tendrá significado para el quinto juego.

Los Pistons saben lo que es perder en casa en un momento clave como el que vivirán el domingo y viajar hacia la boca del lobo a sacar el botín del fuego, como lo hicieron contra los Heats. Ese antecedente es una seria advertencia para los derretidos Spurs.

La progresión del cuarto juego dibuja claramente la pesadilla por la que atravesaron los hombres de San Antonio: perdieron 23-17 el primer cuarto, 28-19 el segundo con todas las luces rojas intermitentes encendidas, 23-21 el tercero dando la impresión de reaccionar, pero fueron masticados 28-14 en el cierre.

“Estoy solo, no veo a nadie en el espejo”, debe estar diciendo Popovich, el entrenador de San Antonio, ahora metido en dificultades en la serie.

UNA RAREZA

Cada uno de los cuatro juegos ha sido de una sola cara. El vencedor se ha mostrado de cuerpo entero desde el propio inicio, lo cual no es común entre fuerzas supuestamente equilibradas.

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