Florence Aubenas saluda a unos colegas.

Periodista francesa relata su secuestro en Irak

Elaine GanlyAP PARIS.- La periodista francesa Florence Aubenas relató el martes los penosos cinco meses que pasó como rehén en un oscuro sótano iraquí y que al ser liberada sus captores le regalaron varios anillos y un perfume. La veterana periodista, quien regresó a su país este fin de semana, relató en una conferencia de […]

Elaine GanlyAP

PARIS.- La periodista francesa Florence Aubenas relató el martes los penosos cinco meses que pasó como rehén en un oscuro sótano iraquí y que al ser liberada sus captores le regalaron varios anillos y un perfume.

La veterana periodista, quien regresó a su país este fin de semana, relató en una conferencia de prensa, en ocasiones con gran sentido del humor, la agonía que ella y su guía sintieron después de su secuestro el 5 de enero.

"Cinco meses en un sótano es mucho tiempo pero muy corto para relatártelo", dijo Aubenas, sonriente y bromista cuando contó su experiencia.

Aubenas dijo que ella y su guía, Hussein Hanoun al-Saadi, fueron secuestrados poco antes del anochecer después de haber realizado varias entrevistas.

Sus captores la llevaron en un automóvil a una vivienda privada, donde fue encerrada en un sótano.

En el interior, le ordenaron que se desvistiera y que se pusiera un buzo que llevaba la inscripción Titanic. No recuerda ningún ruido en particular sólo el goteo del agua de las tuberías.

Allí pasó más de cinco meses "viviendo, durmiendo y esperando su suerte en un colchón". Se le ordenó que no hablara y daba 24 pasos cada día, 12 pasos cada vez que iba al baño, dos veces por día. Dijo que le llevaban arroz y bocadillos de huevo duro.

"En ocasiones, pensé que iban a mostrarnos como escarmiento antes de las elecciones, disparándonos en la cabeza en la internet", señaló, refiriéndose a las elecciones parlamentarias de Irak en enero.

Sus secuestradores la rebautizaron "Leila" y se dirigían a ella, en clave, como la rehén "número seis".

Apenas pronunciaba unas "80 palabras al día", ya que sólo podía hablar para responder a sus guardianes, que se identificaron como miembros "de un movimiento religioso" sunita.

Según afirmó, durante ese lapso fue golpeada y castigada varias veces porque se movía demasiado sobre su colchón, haciendo demasiado ruido, o porque se sospechaba que había hablado con otro rehén, un hombre cuya identidad desconocía, y que había sido llevado al mismo sótano.

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