¿Precaución o pereza?

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Alrededor del uso de placenta o membranas amnióticas en el tratamiento de personas quemadas, existen puntos encontrados.

Los médicos coinciden en los beneficios y ventajas de su uso tanto en el alivio de los pacientes como en la economía de las instituciones médicas. No obstante, hay contradicciones con respecto a la razón por la que no se usa en la actualidad.

El tratamiento se usó a partir del año 1981 durante cinco años aproximadamente, con excelentes resultados y quien lo llevó a cabo fue el doctor Fidel Morales, cirujano plástico que en esos años laboraba en la unidad de quemados del Hospital Fernando Vélez Paiz.

El médico considera que este tratamiento “se dejó de hacer por falta de actitud positiva” ya que conlleva cierto trabajo. “Yo creo que no la hacen por pereza típica del nicaragüense”, critica.

El doctor Armando Siu, presidente de la Sociedad Nicaragüense de Cirugía Plástica, opina que esta práctica “cayó en desuso porque los profesores actuales no hacen que los estudiantes de cirugía plástica laven la placenta y se tomen la molestia y el tiempo extra de prepararla para aplicarla”.

No obstante, la doctora Martha Valladares, jefa de servicios del Centro de Referencia Nacional de Quemados conocido como la Unidad de Quemados del Hospital Fernando Vélez Paiz, explica que trabajaron con membranas amnióticas a principios de los años noventa, pero se dejó de realizar debido a la aparición del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (Sida) ya que “con las investigaciones se supo que había mucho riesgo de transmisión”.

Valladares reconoce que este tratamiento ayudaba a que los niños no tuviesen dolor durante la evolución de las quemaduras porque no se necesitaba lavarlos ni curarlos y económicamente la institución gastaba menos porque no se usaban gasas ni antibióticos. “El manejo fue excelente, pero vino el Sida”, dice.

Indica que actualmente no se ha normado que toda embarazada se haga una prueba de VIH y que cuando esta norma se establezca podrían retomar el uso de membranas amnióticas en los quemados. “Sería una buena alternativa de tratamiento”, opina.

Sin embargo, el doctor Morales asegura que “no hay riesgo de contaminación de Sida” porque con una donadora que no tiene la enfermedad no puede haber ningún riesgo. “Eso fue demostrado ampliamente. Hay lugares donde se está usando hace 35 años y se sigue usando actualmente, como en el Hospital Infantil Tacubaya, en México y, en muchos hospitales donde los gastos están disminuidos, se usan membranas porque la membrana hace que la estancia hospitalaria sea menor”, expone.

Agrega que en caso de que la donadora estuviera contagiada, “se supone que el virus del Sida se muere fácilmente, entonces el cloro puede contribuir a destruirlo. Si desde el principio se tiene la prueba negativa, no debe haber miedo”, añade.  

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