- Aunque el Minsa envió brigadas a las comunidades de El Cuá, que tienen más casos de “lepra de montaña”, algunos tienen que caminar grandes distancias para recibir el tratamiento y otra gran parte desiste por el temor a las 40 inyecciones que deben aplicarle, o por la pobreza y porque “viajar es caro”
Luis Eduardo Martínez M.CORRESPONSAL / [email protected]
Aunque está nublado, el calor es intenso en la comunidad El Carbón, 15 kilómetros al noroeste del poblado El Cuá.
“¡No tarda en caer la lluvia!”, advierte Norman Castañeda Centeno, mientras observa a su hijo de cuatro años que está postrado en una improvisada hamaca, hecha con un saco color naranja, en la casa de sus padres .
El pequeño Gilbert está adolorido porque le acaban de inyectar la novena dosis consecutiva de Glucantime, tratamiento para la leishmaniasis, mejor conocida como “lepra de montaña”, que el niño sufre en el pie izquierdo.
EL DOLOR PASARÁ…
Luisa Amanda Zeledón Lagos, la madre del menor, intenta animarlo diciéndole que el dolor pasará rápido, el niño sólo balbucea quejándose: “Me duele”.
La joven madre exclama: “Quisiera que hoy hubiera sido la última inyectada, porque esas inyecciones le duelen mucho”.
Alrededor del niño todo está limpio. Incluso, la pequeña casa de madera es adornada al frente por un pequeño jardín donde las dalias lucen altivas junto a unas diminutas flores blancas que Luisa Amanda llama ‘nueve de la mañana’.
La limpieza en la vivienda y sus alrededores es la razón por la cual, en la numerosa familia Castañeda, el pequeño Gilbert es el único que padece la enfermedad que, en todo el municipio jinotegano El Cuá, ha afectado a más de 930 campesinos.
Norman aclara que el niño contrajo la enfermedad tras el piquete de un mosquito al que identifica como “papalomoyo”, en la comunidad El Caracol, en donde residen y las condiciones son más favorables para el mosquito.
“Está bien montoso cerca de la casa, pero lo que pasa es que el niño se mantiene con calcetincitos altos y creíamos que lo que tenía era hongo en el piecito. Pero venimos a pasar el 30 de mayo con mi mamá aquí en El Carbón y como vinieron unos doctores entonces lo vieron y ya nos quedamos hasta que terminen de inyectarlo, para que se cure”, dice Norman.
Añade que “si nos vamos para la casa (en El Caracol) se nos hace más difícil, porque el puesto donde está la brigada está en un lugar que se llama El Tabaco y nos queda más largo para llevarlo a que lo inyecten”.
En cambio, la casa de los padres de Norman está a unos 400 metros del lugar donde atiende una de las diez brigadas médicas que el Ministerio de Salud (Minsa) envió a distintas comunidades de El Cuá para atender a los afectados por la leishmaniasis.
GRANDES DISTANCIAS
La lluvia advertida por Norman inicia ligeramente cuando, a lo lejos del camino, una mujer de mediana estatura avanza con cierta dificultad. La acompaña un niño que ofrece su hombro para que la mujer se apoye y camine más rápido.
Es doña María Ángeles Estrada, una campesina de 52 años que dice residir en la comunidad La Lana Central, de donde salió junto a su hijo de seis años, José Alexis, desde las nueve de la mañana. Las dificultades para andar se deben a una llaga que se le ha extendido por el pie izquierdo.
Según cuenta, hace cinco años tuvo que acudir al hospital de Jinotega, porque fue la primera vez que le apareció una llaga que poco a poco se hacía más grande.
“Esa vez hasta se me reventaron las venas”, dice la mujer, añadiendo que “fui a Jinotega y me dijeron que volviera, para que me aliviara bien, pero como no pude llegar, porque me queda muy largo, entonces sólo medio me alivié”.
“Desde entonces siempre se me pone así la canilla (pie), pero ahora voy peor”, expresa doña María Ángeles, al mismo tiempo que reconoce que durante todo ese tiempo se ha automedicado tomando ampicilina, de la que dice “casualmente, hoy me tomé la última cápsula que tenía y me vine para acá donde los médicos a ver qué me dicen”.
Mientras avanza hacia el puesto de la brigada médica en El Carbón, la señora reconoce que ha sido atendida incluso en el centro de salud de El Cuá, pero justifica que deja de asistir a las consultas porque “uno siempre está escaso de reales (dinero) para poder venir aquí a El Bote (comunidad cercana a El Carbón) y menos que ajuste para ir hasta El Cuá, que es más caro ir”.
Poco después, doña María Ángeles y su hijo llegan al puesto médico donde, de inmediato, es atendida por la joven doctora Karla Yadira Cruz Rizo, responsable de la brigada en El Carbón.
Precisamente, la doctora Cruz dice que las distancias que deben recorrer los campesinos para llegar a las unidades de salud, además del temor que éstos tienen por el tipo de tratamiento que reciben, los afectados por lepra de montaña desisten de acudir a recibir asistencia médica.
TRATAMIENTO INCLUYE “RASPADURAS”
Explicó que el tratamiento incluye la realización de frotis (raspaduras) en las partes afectadas por la leishmaniasis, además de las 40 ampollas de Glucantime que son inyectadas a los pacientes adultos.
La doctora Cruz es asistida por un brigadista y con los pobladores han organizado una red comunitaria que se encarga de localizar a los afectados por la “lepra de montaña” y llevarlos a recibir atención médica.
De igual forma trabajan las diez brigadas de salud que envió el Minsa a las distintas comunidades de El Cuá.
Según la doctora Cruz, en El Carbón sólo han localizado 28 casos positivos de leismaniasis, algunos de los cuales ya habían recibido tratamiento, pero lo habían abandonado previo a la llegada de las brigadas, por lo que ahora tuvieron que reiniciarles el tratamiento.
932 CASOS EN TODO EL MUNICIPIO
Según la doctora María Auxiliadora Salmerón Silva, directora del Centro de Salud Héroes y Mártires de El Cuá, las diez brigadas médicas que trabajan en 13 comunidades de ese municipio, hasta el jueves de esta semana habían atendido 217 casos positivos de leishmaniasis.
Las brigadas iniciaron su labor el primero de junio pasado y, aunque algunos brigadistas dicen que han atendido pocos casos nuevos, la doctora Salmerón explicó que en lo que va del año se registran 932 casos de “lepra de montaña”.
Indicó que la comunidad más afectada es El Galope, en el norte del municipio, donde se contabilizan poco más de 170 casos positivos.
El mayor inconveniente que enfrentan los médicos para combatir la leishmaniasis es el temor de los afectados por recibir el tratamiento.
«Lo que pasa es que las inyecciones son dolorosas y mucha gente, después de aplicada la primera o segunda dosis, ya quiere abandonar el tratamiento… Las inyecciones dan algunas reacciones como fiebre, puede provocar dolor de estómago; entonces les estamos explicando todo eso, para que puedan aplicarse todo el tratamiento y curarse», dice la doctora Salmerón.
En las comunidades afectadas, el personal del Minsa brinda charlas a los pobladores que, según la doctora Karla Yadira Cruz Rizo, responsable de la brigada médica de El Carbón, han tomado conciencia y cooperado con la limpieza de sus casas y sus alrededores.
En las charlas, los médicos recomiendan que los pobladores usen ropa gruesa durante sus jornadas de trabajo en el campo y que eviten la entrada de animales a las viviendas porque «son reservorios del parásito».
En tanto, brigadistas del programa de enfermedades transmitidas por vectores, del Minsa, realizan fumigaciones en las comunidades para combatir el mosquito llamado “flebótomo” o “lutzomyia”, transmisor del parásito que causa la leishmaniasis o “lepra de montaña”.