Doña Silvia Ramos, quien dedica su vida a los enfermos de cáncer y leucemia.

La “Mita” de los niños con cáncer

Lucía Vargas C.CORRESPONSAL/ [email protected] Vivir el dolor de los demás cristianos no es cualidad en cualquier persona, pero en el caso de doña Silvia Ramos, de 63 años, esa es una de sus mayores devociones, pues desde hace una década comparte su tiempo con los niños que padecen cáncer y leucemia. “Cuando iba al hospital […]

Lucía Vargas C.CORRESPONSAL/ [email protected]

Vivir el dolor de los demás cristianos no es cualidad en cualquier persona, pero en el caso de doña Silvia Ramos, de 63 años, esa es una de sus mayores devociones, pues desde hace una década comparte su tiempo con los niños que padecen cáncer y leucemia.

“Cuando iba al hospital con mi hija María Gabriela miraba tanta pobreza en los pacientitos con cáncer que me nació del alma acompañar su dolor”, cuenta Ramos, mientras recuerda que en esa época su niña tenía 9 años y le diagnosticaron un cáncer en el área de la clavícula, momento en que inició su propio calvario.

Doña Silvia es originaria de Jinotepe y habita en el barrio José Antonio Sánchez Salazar, ahora su hija tiene 19 años y ha librado una dura batalla contra esa voraz enfermedad que opacó su infancia y aún la mantiene en alerta.

TODOS LOS MIÉRCOLES

En el Hospital Manuel de Jesús Rivera, La Mascota, de Managua, hasta donde viajó por mucho tiempo cuando le practicaban las quimioterapias a su pequeña hija, la conocen muy bien. Forma parte de tres grupos de apoyo de padres voluntarios que tienen niños enfermos y otros que ya están curados.

Los niños le llaman “Mita” y la esperan cada miércoles, día que dedica para apoyar a la Asociación de Madres y Padres de Niños con Cáncer y Leucemia, (Mapanica).

Esta mujer que procreó tres hijos y tiene dos nietos, saca tiempo de sus múltiples quehaceres diarios para acompañar el dolor de los niños de La Mascota, y a las madres de éstos que llegan de todas partes del país, cargando con su pobreza y la cruz de esos males.

La “Mita” dijo que sólo de Carazo había en el mes de diciembre 35 niños ingresados, de los cuales varios han fallecido.

“De lo poco que gano y a veces de lo que la gente me facilita les llevo chinelas para el baño, ropita, caramelos, jabón, galletas y lo que puedo”, dice la “Mita”.

En la casa albergue, dice que ahora hay 25 pequeños que sufren las secuelas de estos dos males. El trabajo es conversar con ellos y sus familiares, llevar un recuento de los nuevos ingresos y conocer a fondo las edades y las características del caso.

CELEBRACIONES

Promueven piñatas y celebran el Día del Niño, el Día de la Madre, la Navidad y los cumpleaños para hacerles la vida más placentera. Dijo que su mayor dolor es encontrar nuevos ingresos, pero además llora cuando uno de los niños fallece.

“El departamento de Emato-Onco nos apoya con una sicóloga, una trabajadora social y una infectóloga”, explica, tras agregar que una gran terapia ha sido la presencia del poeta Ernesto Cardenal, quien visita el albergue desde hace tres meses para motivar a los niños a que hagan poesía, misma que será parte de un libro que se está gestando.

Entre otras terapias de la asociación, figuran las clases de repostería para las madres. “Imparten clases que sirven para aquellas madres que pasan mucho tiempo en el hospital, para que se entretengan y aprendan un oficio”, dijo.

RECOMPENSA DIVINA

La “Mita” laboró 30 años en diversas áreas en el Hospital de Jinotepe, desde que se integró a trabajar voluntariamente en 1972, después del terremoto. Ha participado en dos congresos de emato-oncología. Está jubilada, pero acomoda sus ingresos haciendo costura y otros oficios. Su mensaje es que “Lo más lindo es trabajar por una causa, porque la recompensa viene del cielo”.

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