- Sin embargo, éstas aún no son nada baratas
Wilder Pérez [email protected]
Esta vez la IX Feria de Energía Renovable y Vida Sostenible no fue tan concurrida como en sus ediciones anteriores. Sin embargo, sus organizadores aseguraron que el éxito se puede ver en el campo.
Los visitantes a la feria apenas alcanzaron a ser unas pocas decenas, sin embargo, los beneficiados por el Programa de Fuentes Alternas de Energía de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), son cientos que viven en zonas rurales.
Un proyecto de energía eólica en Rivas logró que 71 niños del Orfanato “Nuestros Pequeños Hermanos” tuvieran un huerto de hortalizas accesible para garantizar su alimentación. En Masaya, al menos 25 familias se benefician con las cocinas solares: no gastan en gas ni leña y tampoco exponen su salud.
“El proyecto consiste en fomentar el uso de la energía renovable, como parte de la investigación para poder ver las aplicaciones apropiadas en Nicaragua, tenemos dos centros de producción en comunidades rurales que promueven el empleo y una mejor calidad de vida”, comentó Susan Kinne, directora del programa.
El programa abarca los municipios de Somoto, Masaya, Mateare, Somotillo, Condega, entre otros. En Somoto sobresalen los paneles fotovoltaicos, básicos para la energía solar. En Masaya son las cocinas solares, que funcionan como un horno de microondas bajo la luz del sol.
La ventaja, según las mujeres del Grupo Fénix, que sobreviven vendiendo cosas que producen en las cocinas solares, es que no pagan gas butano ni gastan en leña, tampoco exponen sus pulmones al humo de las estufas y no se atrasan porque no necesitan estar “moviendo el arroz”.
Las fuentes alternas de energía no son muy baratas. Una cocina solar cuesta 150 dólares, un molino de viento cinco mil dólares, y un panel solar para dos horas de luz vale 500 dólares, pero sus promotores aseguran que mejoran la calidad de vida en el campo.