- “No sabemos lo que dirá la historia”, dice Woodward
Alfons LunaAFP
NUEVA YORK.- Cuando Mark Felt, número dos del FBI —y “Garganta Profunda” desde esta semana—, quería ver a Bob Woodward, del Washington Post, le escribía una contraseña en un diario que dejaban a la puerta de su casa; cuando era al revés, Woodward movía de lugar una maceta de su terraza.
De este modo se acordaron una decena de encuentros en un aparcamiento de Washington que contribuyeron a tumbar a la administración de Richard Nixon en 1974 y que dieron lugar a ríos de tinta sobre uno de los últimos misterios del caso Watergate: la identidad de “Garganta Profunda”.
Felt confirmaba o desmentía informaciones a Woodward y de este modo devolvía al buen camino a éste y su compañero de investigación del Washington Post, Carl Bernstein, cuando su trabajo amenazaba con descarrilarse, algo que ocurrió en varias ocasiones.
“Era muy cuidadoso a la hora de guiarnos, no nos dio información directa de documentos del FBI” (Oficina Federal de Investigaciones), explicó el jueves Bob Woodward en una entrevista con la cadena CNN.
Bernstein nunca llegó a reunirse con él, aunque, junto a Woodward y Ben Bradlee, director del Post en la época de los hechos, eran los únicos que conocían al hombre que estaba tras “Garganta Profunda”.
Bradlee explicó que sin su ayuda la investigación podía haber llegado a los mismos resultados pero sin duda en otros plazos.
Tras hacer saber que él fue “Garganta Profunda” a la revista Vanity Fair —convencido al parecer por su familia, que reconoció abiertamente que quería un pellizco económico del asunto— se ha hablado mucho de los motivos que le llevaron a ayudar a los periodistas, pese a los conflictos que pudieran derivarse de su posición en el FBI.
“Traidor” o “patriota”, “criminal” o “héroe”, son las disyuntivas más aplicadas a la hora de discutir el papel de Felt, un protegido del legendario jefe del FBI Edgar Hoover que creyó tener posibilidades de sucederlo a su muerte en mayo de 1972, un mes y medio después del robo del complejo de apartamentos Watergate.
En su propio libro The FBI pyramid (La pirámide del FBI), Felt reconoció que pensó “que su trayectoria era buena y se permitió pensar que tenía una excelente oportunidad” de suceder a Hoover, algo que finalmente no ocurrió.
En la misma entrevista con la cadena CNN, Bernstein dijo que Felt “sentía que tenía un deber hacia la verdad, un deber hacia la Constitución” y que “se daba cuenta de que había una presidencia corrupta”.
Por su parte, Woodward reconoció a Felt como “un hombre en conflicto, un verdadero hombre del FBI de Edgar Hoover que veía toda esas cosas y que él era una parte importante” de ello.
Felt, nacido en Twin Falls (Idaho, noroeste) en 1913, vive actualmente en California debilitado mental y físicamente y no puede apenas participar en el debate.
Tras ingresar en el FBI en 1942, Felt se distinguió por su fuerte lucha contra una mafia de Kansas City (centro), antes de ocupar diversos cargos en el FBI. “Felt dominaba el arte de los comunicados concisos, estrictamente factuales y aptos para seducir al meticuloso Hoover”, según Vanity Fair.
Treinta y dos años después de abandonar el FBI —en abril de 1973, cuando Watergate aún no se había cobrado su pieza mayor— lo que ahora se discute es el modo en que la historia verá a Felt.
“No sabemos lo que dirá la historia”, dijo Woodward. Sin embargo, en lo que parece un signo de la evolución de sus sentimientos, el mismo Felt dijo en una ocasión que si un día la gente creyó que “Garganta Profunda” era un “criminal” hoy le veían como un “héroe”, según Vanity Fair.
NIXON SOSPECHABA DE “UN JUDÍO”
Aunque su expediente en el FBI tras 30 años era inmaculado, el presidente Richard Nixon sospechó que Felt era la fuente anónima del Post y en una conversación con el jefe de personal de la Casa Blanca, H.R. Handelman expresaba su inquietud porque creía que Hoover había puesto a “un judío” como segundo de la agencia.
Felt, un amante del whisky que no fumaba, al contrario de su caracterización en “Todos los hombres del presidente”, el libro de Woodward y Bernstein sobre Watergate, no era judío.