Beligerancia antibananera de Europa

Terry O’DwyerAIPE

LONDRES.— El caso de las bananas confirma la ineficiencia e injusticia de las políticas agrícolas de la Unión Europea (UE). Europa propone fijar un arancel a la importación de bananas de 230 euros (297 dólares) por tonelada, alegando que así se logra un equilibrio entre lo que quieren los productores latinoamericanos y los intereses de los suplidores tradicionales en África, el Caribe y el Pacífico, las llamadas naciones ACP.

Ese supuesto “equilibrio” se inclina a favor de las ex colonias europeas, las ACP, que han gozado de tratamiento preferencial desde el tiempo de los imperios. El régimen de la UE establecido en 1993 impone aranceles a las importaciones que no provienen de las ex colonias ACP, lo cual quiere decir que el factor decisivo no es quién puede ofrecer el mejor producto al mejor precio sino quién merece el favoritismo europeo. Esto cuesta 2 mil millones de dólares anuales a los consumidores.

La productividad en Ecuador es de alrededor de 24 toneladas de bananas por acre, o sea tres veces el promedio de las ex colonias europeas del Caribe. El costo para los importadores es la mitad, las plantaciones tienen acceso a ferrocarriles, irrigación apropiada, trabajadores disciplinados que cumplen las altas normas y objetivos de producción fijados por las empresas, dejando claro que las plantaciones bananeras de América Latina son las mejor equipadas para servir la demanda europea.

Restringir el acceso al mercado europeo, su cliente más importante, sería catastrófico para millones de latinoamericanos que dependen de la producción y exportación de bananas. Sólo en Ecuador el sector emplea a más de un millón de personas. El daño social y ambiental sería inmenso, como lo informa Euroban (European Banana Action Network).

No sorprende, entonces, que Ecuador y otros cinco países latinoamericanos hayan introducido un reparo contra la UE en la Organización Mundial del Comercio. Se nombrará un panel de expertos, lo cual los europeos temen complicará las negociaciones de los ministros de Comercio en Hong Kong en diciembre.

Las naciones ACP, por su parte, se quejan que un arancel de 230 euros no es suficiente para protegerlos de importaciones de América Latina. Eso no es sorpresa, ya que esas naciones utilizan métodos ineficientes y siembras pequeñas, por lo cual no pueden competir, a menos de que gocen de una protección exorbitante.

Las ACP tienen que aprender a ser competitivos. El régimen bananero de los años noventa es criticado por todo el mundo y las barreras al intercambio internacional se están reduciendo a través del tiempo.

Si la UE quiere de verdad ayudar a las ACP debe ayudar a diversificar su producción, modernizar sus cultivos y educarlos con las técnicas agrícolas eficientes y modernas.

La decisión europea de castigar a los productores latinoamericanos por ser eficientes no es sólo una gran injusticia con los latinoamericanos sino que también con los consumidores europeos, quienes tendrán que contentarse con bananas de inferior calidad a precios más altos.

El autor es investigador del Stockholm Network, fundaciones europeas de libre mercado.

© www.aipenet.com

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