Brasil juega a las Grandes Ligas

Alberto L. Alemán Aguirre Liderar Sudamérica y el Mercosur; disfrutar de un reconocimiento internacional cada vez mayor; obtener un puesto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. He aquí algunas de las grandes aspiraciones de Brasil, el gigante sudamericano que ahora ha sumado a su acervo diplomático una cumbre interregional que trató de […]

Alberto L. Alemán Aguirre

Liderar Sudamérica y el Mercosur; disfrutar de un reconocimiento internacional cada vez mayor; obtener un puesto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

He aquí algunas de las grandes aspiraciones de Brasil, el gigante sudamericano que ahora ha sumado a su acervo diplomático una cumbre interregional que trató de algunos de los más sensibles del planeta, como es el conflicto israelí-palestino y la paz de Medio Oriente y sentó bases para una alianza en asuntos de interés para el mundo en desarrollo.

Brasil se ha apuntado un verdadero éxito político y de imagen con este primer encuentro entre doce naciones de Sudamérica y las 22 de la Liga Árabe. Un acontecimiento nunca visto antes y que puso en contacto directo a dos zonas del mundo que, relativamente, no habían prestado a sí mismas suficiente atención.

El hecho mismo de la celebración del foro es de por sí un primer éxito. Una segunda edición vendrá en Marruecos en 2008.

A la Cumbre de Brasilia han asistido ocho de los doce presidentes sudamericanos, y de los 22 miembros de la Liga Árabe, cuatro han sido representados por sus jefes de Estado, y la Autoridad Nacional Palestina, por su presidente, Mahmud Abbas.

Una nota discordante que deslució el evento la ha puesto el Presidente de Argentina, Néstor Kirchner, quien bostezó y se mostró muy aburrido durante el primer día de sesiones. Cuando su colega peruano Alejandro Toledo hablaba de Brasil como un líder regional, ostensiblemente se levantó para telefonear. Luego, se marchó antes del final.

Pero ya es conocido el mandatario argentino por sus desplantes a moros y cristianos, nobles y plebeyos. El motivo directo de su actitud fueron las últimas, serias desavenencias comerciales de ambos países.

Como es habitual en este tipo de cumbres, hubo mucha retórica, promesas solemnes, negociaciones sigilosas y declaraciones ruidosas. Si, como es habitual — basta ver el ejemplo de las cumbres iberoamericanas hasta hoy—, las cosas quedarán más bien en el papel antes que cobrar un soplo de vida real, pues, está por verse.

Sin embargo, es evidente que el mundo árabe —distante geográficamente— ve a Brasil como un socio serio y una potencia regional creíble.

Ambas regiones han decidido fortalecer sus intercambios comerciales a nivel de gobiernos y empresarios, hoy relativamente modestos, pues es actualmente de unos 10,000 millones de dólares. Esto equivale a poco más del 3.5 por ciento de las compras totales árabes y el 1.5 por ciento de las sudamericanas.

Entre los presentes, estuvieron algunos países importantes productores de petróleo.

Un elemento positivo es la consolidación de un nuevo eje Sur-Sur que promueva y defienda los intereses del mundo en desarrollo.

Un primer resultado de esta nueva cooperación, es el apoyo de la Liga Árabe al candidato uruguayo a la presidencia de la Organización Mundial de Comercio, una elección que está a las puertas.

Ante la hipocresía y doble rasero de Estados Unidos y la Unión Europea, que demandan el libre comercio a los países pobres pero que se niegan a eliminar sus propios gigantescos subsidios u otras trabas a la entrada de los productos del Tercer Mundo, el establecimiento de un nuevo acuerdo común en estos temas cruciales no puede pasar desapercibido.

En el plano político, los árabes se han llevado la mejor parte.

Obtuvieron el respaldo de Sudamérica para la causa del pueblo palestino y para sus tesis tradicionales sobre el conflicto árabe-israelí: paz por territorios, vuelta de Israel a las fronteras de 1967, año en que el Estado judío venció a fuerza árabes aliadas en la Guerra de los Seis Días y se apoderó de Jerusalén Oriental, la cual reclaman los palestinos como capital de su futuro Estado.

También, hubo referencia a la Hoja de Ruta, el plan de paz que impulsan EE.UU., Rusia y la Unión Europea, que llama a la creación del Estado palestino que debe coexistir pacíficamente con Israel.

Los 34 Estados participantes también respaldaron “la unidad, soberanía e independencia de Irak y la necesidad de no interferir en sus asuntos internos”.

En un punto sensible, la Declaración de Brasilia, “reconoce el derecho de Estados y pueblos” a resistir la ocupación extranjera.

Estos dos últimos puntos no gustaron a Israel y Estados Unidos, por considerar que podrían alentar a grupos terroristas.

¿Es éste un mundo unipolar realmente? Asambleas como éstas sugieren que, al menos, ese mundo emergido de los escombros de la Guerra Fría, no es tan monolítico c omo se creyó a principios de los años 90.

Hugo Chávez, el populista y autoritario líder de Venezuela, quiso destacar que el foro estaba dirigido contra “la hegemonía” estadounidense, aunque ni Brasil ni el secretario general de la Liga Árabe, Amr Musa, estuvieron de acuerdo.

Que potencias regionales, como Brasil, o que una comunidad de Estados como los árabes defiendan sus propios intereses políticos o económicos, no es absolutamente extraño en las relaciones internacionales. Que al hacerlo, no siempre concuerden con la política de la única superpotencia, es inevitable.

Eso es lo que hacen los países que tienen algún poder e influencia, ventajas de las que Nicaragua no dispone.

Aunque viendo siempre hacia el Norte, nuestra diplomacia debe estar atenta a la formación de nuevos centros de poder que con seguridad tendrán una influencia en las relaciones internacionales del mundo globalizado, a nuevas tendencias que nacerán. Nos guste o no.

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