Santos Palacios Gaitán
Ante la muerte de su Santidad Juan Pablo II las cadenas de televisión mundial nos hicieron recordar los difíciles momentos, la malacrianza, el irrespeto y la falta de consideración que mostraron algunos de mis paisanos nicaragüenses en la primera visita que hiciera este ilustre hijo de Dios a mi querida Patria. También mostraron la indiferencia y el desgano con que Su Santidad recibió a Daniel Ortega en una visita que éste le hizo en el Vaticano.
Nicaragua es el único país del mundo donde Su Santidad no fue recibido como “al que viene en nombre del Señor” y Ortega fue el único personaje político a quien el Papa recibió con tanta frialdad y desgano.
Cada quien recoge lo que siembra. Ortega no intervino cuando el pueblo irrespetó la autoridad e investidura del Papa, más bien con su silencio y beneplácito y el de los demás comandantes animaron a la multitud en tan detestable y criticable actitud.
Pero el Papa ya está muerto, ya es un santo más de la corte celestial y estoy seguro que en su cercanía a Dios intercederá para que jamás vuelva a Nicaragua “ la noche oscura”.
Ortega podrá disfrazarse de lobo con piel de oveja, pero todos los países del mundo saben del saqueo, del enriquecimiento ilícito que experimentaron quienes primero fueron guerrilleros, luego comandantes y después gobernantes de un país, al que confundieron con su finca o su patrimonio.
Ortega hizo de la clase política de Nicaragua más corrupta de Centro América, y al país lo convirtió en el más pobre. Por eso miles de nicaragüenses vivimos en tierras extrañas, añorando nuestra tierra y nuestras familias.
Muchos comprendimos que fuimos utilizados, pues murieron tantos no por la libertad del país sino para saciar los deseos de poder de Ortega.
Hoy me pregunto cómo monseñor Obando es su amigo y en manos de quién está nuestra Iglesia. Juan Pablo II desde el cielo todo lo ve y con el poder de Dios todo se arreglará.
Nicaragüense emigrante en Costa Rica.