Luis B. Montoya
Al leer la columna de Fabián Medina del pasado 5 de mayo me pregunté si el título más adecuado para uno de sus comentarios sería: ¡paren de ser pendejos!, porque esas sectas-iglesias cara de eso le ven a nuestra pobre gente que tiene sed de fe y esperanza.
Todo esto se debe a la pobre cultura que tenemos. Por eso nos dejamos engatusar fácilmente por aquellos que tiene las “tapas halastes”.
Y qué pena porque los que mayormente llegan a esos “templos” son personas pobres que comen salteado y ganan una miseria, además que le tienen que alimentar el estómago al “pastor” y el bolsillo a una organización que gana miles de millones de dólares en diezmos. Como siempre, el pobre es el que sale fregado con todo esto.
Miami, FL