Una enfermedad hepática hace que cada día le crezca más el estómago a la pequeña Josefa Pérez Urbina, quien permanece en el Hospital de Matagalpa.

A la espera de un milagro

“Dios me ha de ayudar”, dice madre de niña con hepatopatía crónica Luis Eduardo Martínez M.CORRESPONSAL / MATAGALPA Bajo la sombra de un árbol de mango, en un patio del Hospital Regional de Matagalpa, una niña de cuatro años que padece una enfermedad hepática, hunde su mirada en la bolsa negra que sostiene entre sus […]

  • “Dios me ha de ayudar”, dice madre de niña con hepatopatía crónica

Luis Eduardo Martínez M.CORRESPONSAL / MATAGALPA

Bajo la sombra de un árbol de mango, en un patio del Hospital Regional de Matagalpa, una niña de cuatro años que padece una enfermedad hepática, hunde su mirada en la bolsa negra que sostiene entre sus frágiles manos. La arruga y estira, como queriendo percibir todos los detalles del oscuro material.

Al instante, la niña Josefa Urbina Pérez alza las manos y restriega la bolsa en su rostro. En su inocencia, quizás desea que su futuro no sea del mismo color que el del plástico.

Con una aguja incrustada entre dos dedos del pie izquierdo, la pequeña permanece casi inmóvil, sentada sobre unos ladrillos alrededor del árbol. Sus movimientos se limitan al “estira y encoge” de la bolsa. A pocos metros, desde un lavandero en el mismo patio, la observa una mujer humilde: Eusebia Pérez Lazo, su madre.

La pequeña tiene el estómago bastante inflamado y las venas resaltan sobre su tierna y morena piel. Las manos y los pies son extremadamente delgados.

Madre e hija llevan más de un mes en el centro asistencial donde la pequeña permanece internada, mientras espera que un gastroenterólogo de un hospital de Managua regrese de sus vacaciones para que pueda examinarla en la capital.

Mientras tiende la ropa, que recién ha lavado, doña Eusebia comenta que su niña “apenas hoy (este lunes) va cambiando. Ya se sienta solita, comió un poquito más y la barriga la tiene menos inflamadita”.

HACE CUATRO MESES

La mujer tiende la ropa y camina hacia donde su hija, en el trayecto explica que hace cuatro meses empezó a notar el rápido crecimiento del estómago de la niña, por lo que la llevó a un puesto de salud en la comarca Kubalí, jurisdicción de Waslala, en el Atlántico Norte, de donde son originarias.

Pero, en el puesto de salud, un médico, que dice doña Eusebia “sólo despacha dos días y después se va a Waslala”, únicamente le recetó un jarabe que no surtió el efecto esperado, por lo que optó por llevarla a Matagalpa.

Según la doctora Juana María Membreño, pediatra del Hospital César Amador Molina de Matagalpa, la niña ingresó el pasado 29 de marzo y presenta una hepatopatía crónica y desnutrición severa, pero necesita la valoración de un gastroenterólogo, por lo que será remitida a la capital hasta el próximo 18 de mayo, porque el especialista está de vacaciones.

Mientras eso ocurre, doña Eusebia seguirá en Matagalpa cuidando a su pequeña y sin tener noticias de sus otros cuatro hijos: Juana de 12 años; Frank de 10; Julia de 8 y Santos Isabel de 3; quienes permanecen bajo el cuido de su abuela materna .

Del traslado de su hija a Managua y los costos que eso implica, doña Eusebia dice que “a falta de los reales (dinero) no me puedo ir”, sin embargo, la humilde mujer confía en que “Dios me ha de ayudar”.

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