Beverly Ballaro y Christina Bielaszka-DuVernay
Todo escrito, ya sea para ser oído o leído, se beneficia poderosamente de la prueba de leerlo en voz alta. “Cuando en alguna parte titubee, cambie la frase”, recomienda la redactora de discursos Peggy Noonan. Se trata de un consejo que todos los escritores deberían tomar en cuenta.
Lo ideal sería leer en voz alta dos veces: primero para uno mismo, con el propósito de identificar y limpiar frases problemáticas, y luego a alguien que esté dispuesto a ofrecer consejos honestos. Usted no necesita una crítica detallada de la persona que escuchará su lectura. Tal vez la única pregunta que usted necesite formular —y la más valiosa— será “¿Qué es lo que más recuerda del texto que le he leído?”. Si la persona no puede identificar los puntos principales de lo que usted intenta comunicar, entonces necesitará retornar al escritorio.
“La amenidad y la comprensión son dos lados de una misma moneda”, dice Alan M. Perlman, asesor en comunicaciones. “Usted no conseguirá que su audiencia piense o haga lo que usted desea si no lo puede entender. La claridad es el mejor vehículo para la persuasión”.