Diego Corrales parecía liquidado en el décimo round, pero literalmente se levantó de la lona a noquear a José Luis Castillo.

Corrales fabrica milagroSe levantó a matar

Final insospechado de la que puede ser la pelea del año Edgard Tijerino Las imágenes cambiaron súbitamente en ese apocalíptico round 10. Diego Corrales, mostrando un alarde de recuperación, audacia, determinación y precisión, se salió del ataúd al borde de la fosa ante el asombro de la multitud, y con una arremetida capaz de doblar […]

  • Final insospechado de la que puede ser la pelea del año

Edgard Tijerino

Las imágenes cambiaron súbitamente en ese apocalíptico round 10. Diego Corrales, mostrando un alarde de recuperación, audacia, determinación y precisión, se salió del ataúd al borde de la fosa ante el asombro de la multitud, y con una arremetida capaz de doblar y hacer gemir los muros de Jericó, atrapó una victoria que parecía imposible, terminando con el mexicano José Luis Castillo.

En un final tan violento, estrujante y dramático, como el ofrecido por Julio César Chávez frente a Meldrick Taylor, el púgil de Sacramento, derribado dos veces por Castillo en ese mismo asalto y casi noqueado, con el ojo izquierdo cerrado, regresó del más allá y se volcó estrepitosamente sobre su adversario, con una ofensiva que hizo saltar las tuercas de las butacas y salir llamas del Hotel Mandalay.

Como Chávez minando la resistencia de Taylor en aquel escalofriante cierre de combate visto en 1990, Corrrales resucitado y embravecido, ganó la que puede terminar siendo considerada la mejor del año.

NO MáS, GRITÓ WEEKS

Castillo se sintió al borde del Titanic después de perder el cinturón Ligero del CMB, mientras Corrales lo agregaba al de la OMB, que colocó en riesgo.

El boxeo actual necesita de este tipo de combates para revitalizarse. Dos púgiles entregados a la lucha con sus corazones inflamados, sin importarles los riesgos, sin desfallecer, con una furia casi homicida.

Cuando el árbitro Tony Weeks, de discutido desempeño por haber extendido los períodos de restablecimiento de Corrales después de cada una de sus caídas, detuvo la ejecución, el público estaba estremecido por el ritmo alucinante que adquirió el combate rumbo al desenlace insospechado después de nueve rounds intensos.

Ambos resoplaban como locomotoras aproximándose al agotamiento, y mostraban en sus rostros la agresividad desplegada y estragos provocados. Castillo con una ceja partida y muchas escoriaciones, en tanto Corrales con un ojo clausurado y su pómulo derecho por explotar.

RITMO INTENSO

Corrales supo manejarse en los dos primeros asaltos tratando de establecerse con su jab y presionando fuerte con su golpeo al cuerpo, pero Castillo lo detuvo con golpes ascendentes cortos y dañinos y combinaciones acertadas, obligándolo a tomar la distancia.

La ventaja de Corrales en alcance fue obviada por Castillo consiguiendo estrechar la distancia y conseguir buenos ángulos para sus descargas. El mexicano confiando en su resistencia, no pareció preocuparse en algún momento del poder de Corrales.

Ninguno de ellos decreció en su accionar, pero Castillo supo prevalecer con ofensivas poderosas en los asaltos ocho y nueve, y parecía seguro ganador cuando su izquierda funcionó eficazmente en dos ocasiones enviando a Corrales a la lona en el décimo asalto.

LA RESURRECCIÓN

Nunca digas “todo está consumado” en boxeo. Pueden preguntarle sobre eso a Billy Conn, derrotado por Joe Louis a última hora.

Castillo fue al remate seguramente muy confiado, pero, contrario a lo que suponíamos, todavía quedaba suficiente aliento y furia en Corrales, y el primer sorprendido fue Castillo, desbordado, empujado bruscamente con golpes desde diversos ángulos y mucha potencia, y finalmente desarmado, quedando a merced de un atacante desesperado consciente que ese era el momento, y que debería multiplicar su intensidad y violencia.

¿Cómo fue posible eso?. Simplemente ocurrió, espectacularmente, y Castillo murió de desgaste, con su corazón arrugado.

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