Maneras de morir

Marcos Antonio Mongalo A. En referencia al artículo: Maneras de morir, publicado en la revista de LA PRENSA, Magazine, el 24 de abril del corriente año, me llama la atención que el autor Sergio Ramírez no está de acuerdo con el difunto Papa Juan Pablo II cuando éste criticó la muerte de Terry Shiavo por […]

Marcos Antonio Mongalo A.

En referencia al artículo: Maneras de morir, publicado en la revista de LA PRENSA, Magazine, el 24 de abril del corriente año, me llama la atención que el autor Sergio Ramírez no está de acuerdo con el difunto Papa Juan Pablo II cuando éste criticó la muerte de Terry Shiavo por considerarlo “como un acto de eutanasia”. Sin embargo el señor Ramírez relaciona el caso como dos caras de la misma moneda. También afirma que el Papa se rehusó a que le colocaran aparatos para mantenerlo con vida, negándose a regresar a la clínica Gemelli de Roma donde supuestamente se le hubiesen colocado los equipos para mantenerlo vivo, prefiriendo quedarse en sus habitaciones con la asistencia de un médico “obsoleto”.

Le recuerdo al señor Ramírez que el Papa Juan Pablo II murió de complicaciones por septicemia, que es una infección generalizada en el cuerpo provocada por una sonda uretral que posiblemente se le colocó en dicha clínica en donde ya había asistido en repetidas ocasiones. La infección se diseminó a órganos vitales y le ocasionaron la muerte. El tratamiento para mantenerlo vivo, tal como lo menciona, no fue por conexión de aparatos sino de antibióticos, razón por lo que él mismo aceptó regresar a la clínica y permanecer en su puesto de pastor hasta el último momento.

El caso de Terry Shiavo, sobre el cual el Papa condenó el retiro de la sonda, es la otra cara de la moneda. En el estado comatoso sus órganos vitales le permitían mantenerla con vida y no por equipos cardiorrespiratorios, etc., sino por una sonda nutricional. De aquí que la Iglesia acepta que se desconecten equipos que mantienen viva a la persona, siempre y cuando no tengan esperanza alguna de sobrevivencia. Pero no acepta que se le quite el alimento, elemento vital.

No soy escritor como el señor Ramírez que usa su pluma ideológicamente para influenciar a los demás. Simplemente soy un lector que no me gusta que manipulen la verdad.

Managua.

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