María Luisa AzpiazuWashington/EFE
La elección de José Miguel Insulza como Secretario General de la OEA pone fin a la prolongada crisis de liderazgo que ha sufrido la organización y que ha ralentizado aún más sus ya lentas respuestas a los problemas hemisféricos.
Insulza, de 61 años, Ministro del Interior de Chile, fue elegido el lunes Secretario General de la Organización de Estados Americanos con el apoyo de 31 de los 34 países miembros de la organización, un respaldo que él consideró un “consenso genuino”.
La OEA ha estado sin Secretario General desde el 15 de octubre pasado, cuando el ex presidente costarricense Miguel Ángel Rodríguez renunció al cargo para responder a cargos de corrupción en su país.
En sus primeras declaraciones tras la elección, Insulza aseguró que su política al frente del foro regional será “no tomar partido en caso alguno” y dijo que defenderá “los intereses de todos” los países miembros.
Aunque el voto es secreto, se sabe que se abstuvieron México y Bolivia —que mantiene con Chile un diferendo histórico en torno a la consecución de un acceso al mar— y Perú votó en blanco.
La votación se llevó a cabo a petición de Perú, país que, al “no existir consenso”, pidió que se aplicase el Artículo 73 de la Carta de la OEA y se votara. La petición estuvo motivada por su malestar con Chile a raíz de la actitud de ese país en el conflicto de Perú con Ecuador de 1995.
Previamente, Bolivia había expresado su negativa a apoyar a Insulza y pidió expresamente que constara en el acta de la reunión.
Dejando atrás las tensiones que precedieron a su elección —la primera asamblea extraordinaria de cancilleres convocada al efecto no consiguió romper el empate a 17 votos entre él y el candidato mexicano, Luis Ernesto Derbez—, Insulza negó ayer que exista “división” en la OEA.
Muy al contrario, dijo que desde el mismo momento que Derbez —al que agradeció su gesto— anunció que retiraba su candidatura, la mayoría de los países que lo respaldaban le ofrecieron a él su apoyo.
En una breve intervención ante la asamblea que lo eligió, Insulza pidió el apoyo político de todos los miembros del foro regional para superar el “momento complejo” de la organización y revitalizarla.
Insulza insistió en que “debemos ser capaces de forjar los consensos que nos permitan superar la equivocada percepción de irrelevancia que perjudica nuestro esfuerzo hemisférico”.
Se mostró contrario a la intervención —“no creo en la intervención, ni rápida ni lenta”, dijo— y partidario de una organización capaz de mediar y de dialogar para resolver los problemas del continente.
Igualmente destacó que “la OEA tiene un papel clave que jugar en el establecimiento de reglas que conduzcan un mundo global hasta formas más justas y maduras de integración, proyectando una perspectiva regional rica en su diversidad”.