- Fundada en 1514, fue atacada por piratas ingleses y franceses que la destruyeron varias veces. Declarada por la UNESCO en 1982 Patrimonio de la Humanidad, La Habana Vieja es un ejemplo mundial de restauración a cargo de la Oficina del Historiador de la Ciudad, Dr. Eusebio Leal Spengler, un personaje con mucho respeto y prestigio, católico practicante, diputado de la Asamblea Nacional de Cuba y Embajador de Buena Voluntad de las Naciones Unidas
Roberto Sánchez RamírezESPECIAL PARA LA [email protected]
La villa de San Cristóbal de la Habana fue fundada el 25 de julio de 1514. En la actualidad la parte conocida como la Habana Vieja, tiene unos cinco kilómetros cuadrados de superficie. En 1982 fue declarada Patrimonio de la Humanidad. En ella se realiza un plan de restauración que es ejemplo a nivel mundial.
Las primeras obras de restauración se deben a quien fuera Historiador de la Ciudad, Dr. Emilio Roig de Leuscherning, fallecido en agosto de 1964. Se encuentra sepultado junto a los restos de su esposa, María Benítez Criado, en el Jardín Madre Teresa de Calcuta, a la par de la Iglesia de San Francisco de Asís.
Asumió después el cargo de Historiador, el Dr. Eusebio Leal Spengler. Fue fundamental para esta nueva etapa el ordenamiento jurídico que tanta falta hace en Nicaragua. Se ratifico la Convención para la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural; se dictaron leyes como las de Monumentos Nacionales y Locales y la de Protección de Patrimonio Cultural.
En octubre de 1993, la Oficina del Historiador dejó de ser una dependencia del Gobierno Provincial de la Ciudad y se subordinó directamente al Consejo de Estado, a su presidente el Dr. Fidel Castro Ruz, lo que implica agilización en la toma de decisiones, se le reconoce personalidad jurídica para asociarse y establecer relaciones de diverso tipo con nacionales y extranjeros; cobrar impuestos a las empresas productivas dentro de la Habana Vieja para invertir en las obras de restauración.
El Decreto-Ley 143 del Consejo de Estado de la República de Cuba, creó una serie de empresas turísticas para atender las necesidades que se derivan de esta actividad. En noviembre de 1995, mediante el Acuerdo 2951 del Consejo de Ministros se declaró el Centro Histórico “Zona de Alta Significación para el Turismo”, aumentaron las facultades de la Oficina del Historiador, creando nuevas empresas.
UN VERDADERO RETO
Cuando en marzo del 2004 visité por primera la Oficina del Plan Maestro de Revitalización Integral de La Habana Vieja, me llamó mucho la atención, la variedad de profesionales con distintas especialidades: arquitectos, ingenieros, economistas, geógrafos, historiadores, sociólogos, sicólogos, educadores, altamente calificados.
La integración de un equipo con esas cualidades se explica por las características propias que tiene la restauración de la Habana Vieja. Una tarea a la que llaman “el reto”, porque no se trata de rescatar solamente una plaza, un edificio histórico, una iglesia o un convento, es sobre todo, enfrentar una situación especial con la población que habita este sector de la ciudad.
La Habana Vieja en el siglo XIX y comienzos del XX, era habitada por muchas de las familias más pudientes y poderosas de La Habana. Al extenderse la ciudad surgieron nuevos barrios, como El Vedado, donde se trasladó lo que constituía una clase elitista y privilegiada que había hecho sus grandes fortunas con el comercio del azúcar, el tabaco y el ron, más las importaciones de los Estados Unidos de Norteamérica.
Los elegantes edificios se llenaron de inquilinos, la mayoría, de escasos recursos; la cantidad de ocupantes aumentó con la presencia de familiares y amigos, provenientes de otras provincias. Los edificios se deterioraron y se creó un estado de hacinamiento y promiscuidad. Durante el Segundo Congreso sobre Conservación de Patrimonio Urbano y Edilicio, tuvimos la oportunidad de visitar algunos de estos edificios.
A la vista está el deterioro. Hay un déficit de los servicios; se observan fallas estructurales en el techo; hay grietas o desplomes en las paredes. Muchas viviendas no disponen de servicios sanitarios, ni baños o duchas. A los pisos superiores no llega el agua, el sistema de cañerías es muy antiguo, el líquido se logra con frecuencia por medio de pipas.
La Oficina del Historiador hace lo posible porque la restauración no dañe, ni lastime la parte humana, estos aspectos me fueron explicados en la entrevista que tuve con el Dr. Francisco José Lacayo Parajón. Lo importante es que ninguna restauración se realiza sin considerar dónde serán trasladados, no sólo en cuanto a la vivienda, sino también el entorno, como instalaciones educativas, deportivas, recreativas o de salud.
EJEMPLO MUNDIAL
La cantidad de obras que han sido restauradas y las muchas que están en proceso son un ejemplo a nivel mundial. Cuentan los detalles, el contenido de cada obra. Monumentos, sitios históricos, museos, parques, galerías de arte, salas de exposiciones, teatros, restaurantes, bares, iglesias, conventos, fuertes militares, atraen a miles de turistas, al margen de los asuntos ideológicos o políticos. Caminar por la Habana Vieja es como una Torre de Babel con su variedad de etnias, lenguas, indumentarias y edades.
Las obras cubren una restauración de siglos, incluyendo algunas hechas en el actual. Está la extraordinaria restauración de las iglesias de San Francisco de Asís, San Francisco de Paula, los conventos, el Palacio de los Capitanes Generales, La Plaza de Armas, El Templete, La Lonja del Comercio, el Castillo de la Real Fuerza, el Castillo de los Tres Reyes del Morro, la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, el Museo de la Revolución y tantos otros sitios.
Todo es restaurado o hecho al detalle. En el restaurante-bar Floridita, la escultura de tamaño natural de Ernest Hemingway, se inclina en la barra a la espera de un daiquirí. Frente a la Iglesia de San Francisco de Asís está la del “Caballero de París”, un personaje al estilo de nuestro “Cola de Vaca”, a quien habría que recordar en el Parque Central de Managua, junto a “Poyeyequé”.
En el Jardín Madre Teresa de Calcuta vemos a la beata, sentada en una banca, frágil y sencilla. Al fondo está el recién construido Templo de la Iglesia Ortodoxa Griega, donde tuve una amena conversación con el Archimandrita Timoteo y con un joven diácono que llevará el nombre de Atanasio y que se prepara para viajar a estudiar en la Universidad de Tesalónica, en Grecia.
Dadas las facultades que dan a la Oficina del Historiador, el Decreto-Ley 143 y el Acuerdo 2951, las obras de restauración se autofinancian y aporta divisas a los programas educativos y sociales del gobierno cubano. Hay talleres y escuelas de restauración de diferentes materiales, varias oficinas y centros con distintos objetivos, se publica la revista “Opus Habana”.
Todo eso produce millones en divisas y da trabajo a miles de cubanos. Permite, además, muchas actividades que en Nicaragua llamaríamos informales; tal es el caso de Josefa y Mercedes, dos ancianas que se sientan juntas en la acera del convento de San Francisco de Asís. Una fue trapecista de circo y la otra laboró en un comedor de trabajadores de oficios varios. Josefa y Mercedes no piden limosna, tampoco cobran a los turistas. Vestidas de santeras, con sus flores de variados colores en la cabeza, collares y traje blanco. En la boca un largo puro. Los turistas se toman fotos con ellas y les dan algunas monedas.
UN CONGRESO SOBRE RESTAURACIÓN
Con tantos proyectos de restauración en todo el territorio nacional, no sólo en la Habana Vieja, Cuba se ha convertido en un país con un alto número de restauradores en distintas especialidades, un atractivo para los expertos de otras naciones que participan en las diferentes obras o asisten a congresos y eventos relacionados con la restauración.
En la tercera semana de abril participé en La Habana, en el Segundo Congreso sobre Conservación del Patrimonio Urbano y Edilicio, invitado por la Arq. Felicia Chateloin Santiesteban, presidente del Congreso y Presidente del Comité Nacional de Patrimonio de la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba (UNAICC).
El evento se inauguró el día 18, en el Hotel Nacional de Cuba, en ocasión del Día Internacional de los Monumentos. Estuvieron presentes Abel Prieto, Ministro de Cultura y Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad. Durante tres días, en el Convento de San Francisco de Asís, se presentaron más de setenta exposiciones, entre ellas de expertos provenientes de Italia, España, México, Colombia, Brasil y Argentina.
EUSEBIO LEAL SPENGLER
Leer sus numerosas obras, escuchar sus exposiciones y entrevistas, tener la oportunidad de conversar con Eusebio Leal Spengler, el Historiador de la Ciudad, es algo que motiva y fortalece la vocación por el rescate y restauración del patrimonio cultural, los monumentos y sitios históricos.
Impacta la profundidad de sus conocimientos, la facilidad con que cita nombres, lugares, fechas; su sencillez, casi monástica, ha hecho que se comente que alguna vez fue seminarista, lo que no es cierto; sí me contó ser católico practicante. Al preguntarle si lo podía decir en una publicación periodística me respondió que sí, reafirmando sus creencias religiosas.
En conversación con el Dr. Francisco José Lacayo Parajón, nicaragüense funcionario de la UNESCO, me dijo que el doctor Leal Spengler es una personalidad de amplia resonancia internacional que conjuga en forma integrada la capacidad de un gran intelectual con las habilidades de un excelente gerente.
Eusebio —agregó— como lo denomina la población cubana, incluso los visitantes extranjeros, es conocido como uno de los mas grandes intelectuales de América, y una de las figuras mas destacadas en el mundo del patrimonio cultural. Es ya legendaria su florida y erudita oratoria, a la que agrega una prodigiosa memoria. Eusebio es capaz de improvisar durante horas sobre casi cualquier tema histórico en relación al patrimonio, en especial, de su país y de La Habana. Es el fruto de más de treinta años de vida dedicados al estudio tesonero y disciplinado en pro de la restauración y preservación de la Habana Vieja.
Explicó el doctor Lacayo Parajón que la obra de Leal Spengler y la de la Oficina del Historiador que él dirige, ha sido reconocida por numerosos países, instituciones y organismos internacionales, galardonado con una lista de condecoraciones, doctorados honoris causa y distinciones, entre las que destaca el rango de Embajador de Buena Voluntad de las Naciones Unidas. Sus obras, habitualmente editadas en forma impecable y bella, son numerosas y sirven de referencia muy importante en el mundo de la restauración y de la gestión patrimonial.
Cuenta nuestro compatriota que, en forma muy expresiva, la población afirma que para conversar con Eusebio hay que deambular por las calles de La Habana Vieja, en donde seguro se le encontrará supervisando una obra de restauración. Conversando con la gente, buscando inspiración para nuevas inversiones en pro de su apasionadamente amada Habana Vieja. Al conversar con él, basta observar los rasgos de su rostro para adicionar que tras cada mirada, a unos andamios de construcción o a unos niños jugando en la calle, Eusebio está ya planificando una dimensión más de su gran obra.
En el Segundo Congreso sobre Conservación del Patrimonio Urbano y Edilicio, Eusebio nos anuncio que una gran obra estaba por concluir; es posible que se haya pensado en la restauración de una plaza, una iglesia o un convento. Con palabras emocionadas explicó que se trataba de un teatro para niños discapacitados, contó cómo colocarían las camillas y sillitas de ruedas. Una verdadera obra de restauración humana.
Academia de Geografía e Historia de Nicaragua.
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