- En una árida comunidad del Pacífico nicaragüense un grupo de productores viene contribuyendo, desde hace un buen tiempo, a la salud de la población mediante el procesamiento de sal yodada. Un acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) a inicios de esta década dio un “segundo aire” a la fortificación de este producto que a diario está presente en cualquier platillo nica
Roberto Pérez Solís
La comunidad de El Tamarindo es más que un río que lleva el mismo nombre, cuyas cristalinas aguas sirven para refrescar a centenares de personas, principalmente durante la época de vacaciones en Semana Santa.
Ubicada en el kilómetro 63 de la carretera vieja a León, esta comunidad perteneciente a la ciudad de La Paz Centro, durante muchos años ha contribuido de manera casi silenciosa al mejoramiento de la salud de la población nicaragüense.
“El Tamarindo es el corazón de la sal”, dice con aplomo Gustavo Castillo, uno de los casi cien productores de sal que hay en la localidad. Y tiene razón.
Su compañero Carlos Largaespada comenta que Nicaragua consume anualmente 1.200,000 quintales de sal y “aquí producimos entre el 90 y 95 por ciento”. El porcentaje restante se produce en Tola, en el departamento de Rivas.
Sin embargo, la cifra que detalla Largaespada adquiere otro valor —más que el económico— cuando se conoce que por un acuerdo entre los salineros y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el yodo está presente en cada gramo de sal que sale de esa comunidad hasta las zonas más recónditas del país.
RESULTADOS BENEFICIOSOS
La ausencia de yodo en el organismo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), constituye la primera causa de retardo mental prevenible en la niñez, ocasiona una pérdida significativa de la capacidad de aprendizaje, produce el bocio y aumenta el riesgo de aborto en la mujer.
Gracias a Unicef, que ha donado más de 130,000 dólares para que los productores compren el yodo y a la vez establezcan un fondo revolvente, los índices de personas con bocio y trastornos neurológicos en Nicaragua, según las encuestas médicas, han pasado de un cinco por ciento a finales de los años noventa a un tres por ciento en la actualidad.
“Las cifras son alentadoras, esperamos que continúen disminuyendo mucho más, es importante para la salud de los nicaragüenses que los índices de yodización puedan alcanzar el 100 por ciento”, indicó la doctora Fátima Ivette Sandino, oficial de Salud Básica y Nutrición de Unicef, quien aseguró que por insuficiencia de yodo existen unas 750 millones de personas en el mundo con problemas de bocio y 43 millones con daños cerebrales.
En los ochenta el gobierno de turno apoyó la yodización de la sal, pero al llegar a los noventa este procedimiento se volvió irregular, recuerda Gustavo Castillo. “Se deja de yodizar, quien vendía el yodo era el Silais-León, pero surgieron unos problemas administrativos a lo interno de la institución y se suspendió la venta”, recordó.
ADIÓS IRREGULARIDAD
A pesar de este inconveniente los productores se las “arreglaban” para traer el yodo de Honduras y Guatemala expresa Julio Cruz, otro productor de sal. No obstante, para bien de la población y de ellos mismos, la irregularidad de la yodización terminó en el año 2000 con el acuerdo que firmaron con Unicef.
“Ahora el yodo se compra en Chile, pero éste viene como yodato, entonces se tiene que mezclar con carbonato de calcio que lo distribuye la empresa Procalsa de Jinotepe”, indica Carlos Largaespada luego de recorrer bajo el “picante” y majestuoso sol del mediodía, las numerosas piletas con agua salada, del mar, que en unos ocho días producirán decenas de quintales de sal.
Los productores que en un inicio estaban agrupados en la Asociación de Salineros de Nicaragua (Asalnic), pero que ahora han formado la Cooperativa Servicios Múltiples de Salineros de Nicaragua (Cosermusalnic) reconocen la labor social que realizan de manera continua.
“La gente ha entendido lo importante que es comer sal yodada, antes no estaban conscientes porque decían qué será eso (el yodo), pensaban que se iban a enfermar pero todos sabemos que es lo contrario. La sal que consumen los animales también debe estar yodada porque nosotros consumimos derivados de la leche”, indica Concepción Mayorga, esposa del productor Julio Cruz.
VAN POR MÁS
Los salineros de El Tamarindo ahora apuntan a producir sal fina que además de yodo, sería fortificada con fluor. Además de modernizar su sistema de producción, pues poseerán una planta procesadora valorada en unos 700,000 dólares, seguirán ayudando a mejorar la salud del país.
Análisis realizados por organismos internacionales demuestran que por cada córdoba invertido se pueden ahorrar 136 córdobas sólo en atención dental curativa. El “sueño” de la planta está cerca de cumplirse, luego que el Instituto de Desarrollo Rural (IDR) se comprometiera a financiar el 60 por ciento del valor de la planta procesadora.
“Tengo 30 años de estar trabajando en las salinas y el objetivo de nosotros es avanzar, la sal es uno de los productos de primera necesidad en el hogar y nos sentimos contentos de ayudar al pueblo, ahora con la nueva planta evitaríamos que entre sal fluorificada de otros países y con otros precios”, dijo Mayorga.
Nicaragua cumpliendo acuerdos internacionales de carácter sanitario ha fortificado el azúcar con la vitamina A, la harina con el hierro y la sal con el yodo.
CRETINISMO POR INSUFICIENCIA DE YODO
Una deficiencia de yodo durante el embarazo y la infancia temprana puede resultar en cretinismo (un retraso mental irremediable y deterioro severo de las facultades motoras).
En cuanto a los adultos una ingestión baja (o muy alta) de yodo puede causar hipotiroidismo que puede manifestarse como bajos niveles de energía,piel seca o amarillenta, entumecimiento de las extremidades,aumento de peso, la falta de memoria y anemia.
También aparece el bocio, que es un crecimiento de la glándula tiroide que se ubica en la parte anterior y central del cuello.
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