- El Campeón Mundial pinolero retiene su corona tras noquear en el sexto al colombiano Luis Bolaños
- A los 2:46 minutos del sexto asalto, el colombiano cayó por tercera y última vez ante la furia del nica
Edgard Tijerino Mantilla
No fue necesario colocar sobre el escenario del Madison Square Garden lo mejor de Luis Pérez, para terminar con el colombiano Luis Bolaños.
El retador cayó con su resistencia convertida en pedazos, consecuencia de una izquierda larga arriba y un gancho de derecha abajo, ligeramente bloqueado pero sin quitarle repercusión, a los dos minutos y 46 segundos del sexto round, con lo que el nica retuvo su corona mundial supermosca de la FIB.
Bolaños había sido asustado y ablandado con golpes que lo derribaron en los rounds dos y cinco. Con movimientos lentos, casi forzados, Pérez logró establecerse con suficiente autoridad una vez que derribó a Bolaños en el inicio del segundo round.
Esa advertencia, muy temprano, obligó a Bolaños a meter su barba en remojo y tratar de sobrevivir apoyándose en el movimiento de sus piernas y su habilidad para frenar y descargar.
Pero eso no alteró la tranquilidad de Pérez, más joven y vigoroso, más efectivo haciendo daño, y más decisivo con sus impactos.
Cierto, no vimos el despliegue mostrado por Pérez en sus dos batallas con Félix Machado, y uno supone que no pudo alcanzar la condición física exuberante que enseñó cuando fue en busca del cinturón mundial en el 2003, y en la realización de su primera defensa.
El peleador colombiano de 35 años nunca fue una amenaza, pese a que en ciertos momentos logró combinar sus golpes con precisión, pero sin solidez.
Nos sorprendió que Pérez no acelerara su ritmo ofensivo en el tercer asalto, cuando Bolaños buscaba aire con preocupación. Incluso, en los primeros dos minutos se vio errático, pero tuvo tiempo y aliento para hacerse sentir en el último minuto y apuntarse el round.
El mejor asalto de Bolaños fue el quinto, cuando repitió golpes de derecha penetrando la guardia de Pérez, y consiguiendo hacer llegar su izquierda sin aturdir al nica, pero incomodándolo.
En la antesala del infierno, rumbo al final, antes de recibir los golpes letales, Bolaños quedó viendo a Pérez. Todo en él era viejo: su mirada, sus músculos, sus esperanzas. Quería estar en cualquier otro lado, no en el ring del Madison Square Garden.
Y así murió. Completamente marchito.
NADA ESPECTACULAR
No fue una pelea de ribetes espectaculares ni se levantaron columnas de humo por la ferocidad de Pérez, pero el nica mostró una calma sanguinaria, confiando en su capacidad de asimilación y su poder destructivo.