El Beisbol necesita recomponer su imagen ahora mismo.

Credibilidad del juego afectada

Enrique RojasAP SANTO DOMINGO-.-Cuando más lo necesitaba, la Iglesia Católica encontró un líder como el fenecido Papa Juan Pablo II, quien se encargó de recuperar la destartalada credibilidad y enmendar históricos errores de la Iglesia que fundó San Pedro. El beisbol de Grandes Ligas se encuentra en una profunda crisis de credibilidad, pero a diferencia […]

Enrique RojasAP

SANTO DOMINGO-.-Cuando más lo necesitaba, la Iglesia Católica encontró un líder como el fenecido Papa Juan Pablo II, quien se encargó de recuperar la destartalada credibilidad y enmendar históricos errores de la Iglesia que fundó San Pedro.

El beisbol de Grandes Ligas se encuentra en una profunda crisis de credibilidad, pero a diferencia de la Iglesia Católica, no cuenta con un Juan Pablo II.

Los recientes escándalos de esteroides, apuestas, encubrimientos, silencios cómplices, confabulaciones y maquinaciones, han dado a conocer la otra cara de la industria del beisbol.

Y para colmo de males, nadie cree firmemente que se estén tomando los correctivos para superar la crisis.

Durante las investigaciones, confesiones, acusaciones y declaraciones acerca del uso de esteroides por algunos jugadores, los aficionados se han enterado de que era algo normal y que el gobierno del beisbol miraba al otro lado para no darse por aludido debido al beneficio que representaba esto para el espectáculo.

Parece que no era suficiente que el Congreso de Estados Unidos pusiera a los jugadores, clubes y al comisionado Bud Selig contra la pared en una audiencia; que José Canseco escribiera sus versos satánicos (versión beisbol) y que los boletos para el parque siguieran aumentando de precio.

Ahora dice un ex socio que Lenny Dykstra no solamente usaba esteroides, sino que también apostaba a los deportes profesionales, posiblemente hasta al beisbol y a sus propios equipos.

Resulta que las Grandes Ligas investigaron a Dykstra sobre el particular en 1991, pero nunca se lo dijeron a nadie.

Bud Selig no es Juan Pablo II ni tiene que pedir perdón a nadie, pero al menos debería dar algunas explicaciones sobre estos temas.

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