Raúl Isaac Suárez
Roman, Times, serif»>Opinión económica
Transporte y salario mínimo
Raúl Isaac Suárez
La economía nicaragüense, una economía abierta, está inevitablemente ligada a la comunidad internacional. Especialmente en todo lo que se refiere a productos que consumimos y no producimos, es decir, productos que importamos. El problema es que al no tener control sobre esos productos estamos condicionados a ser tomadores de precios con las únicas opciones de alegrarnos cuando bajan y sufrir cuando suben.
Eso es lo que está pasando en la actualidad con la escalada de los precios del petróleo, del cual depende mucho el sector del transporte público para funcionar. Así una vez más, a la economía nicaragüense en lo general y al pueblo asalariado en lo particular le ha tocado sufrir las consecuencias de las alzas del petróleo.
En esta ocasión la más importante de esas consecuencias fue la reciente decisión de las autoridades municipales y gubernamentales de aumentar la tarifa del transporte público de 2.50 a 3.00 córdobas aduciendo, en palabras del edil Dionisio Marenco, que sin este aumento el transporte público es insostenible.
Esta forma en la que las autoridades planean aminorar la enorme carga del aumento del pasaje me recuerda mucho aquella vieja frase escrita por el economista francés Frederic Bastiat: “Quizá el mayor de los errores de los gobiernos sea el tomar decisiones de manera irresponsable, es decir, poniendo atención sólo en los efectos inmediatos y visibles, e ignorando las secuelas posteriores de sus medidas. Y es que sencillamente hay cosas que se ven y hay cosas que no se ven”. Esto ilustra muy bien la forma de pensar de los asesores de nuestras autoridades. En este plan de aumento al salario mínimo, por ejemplo, claramente se puede ver que se está tratando de resolver un pequeño mal presente a costillas de un gran mal futuro.
Cuando se aumente el salario mínimo, los asalariados podrán sufragar el costo del transporte tal vez un día o dos. Pero el productor al enfrentarse a este nuevo costo tendrá que cubrirlo de alguna manera. Es muy seguro que lo hará de la manera en la que cubren todos los costos variables, aumentando el precio de sus productos. Cuando todos los productores se vean obligados a aumentar el precio, veremos cómo el nivel general de los precios aumentará.
Si a esto le agregamos el aumento del costo ocasionado por el aumento de los precios del petróleo veremos cómo las cosas se volverán peores en el largo plazo.
Los asalariados podrán soportar el aumento del pasaje con su nuevo salario mínimo pero cuando se enfrenten a los aumentos de los bienes y servicios de consumo diario y de primera necesidad encontrarán que están inclusive peor de lo que hubieran estado si no hubieran recibido un incremento al salario mínimo. Éste es un claro ejemplo donde la medicina hace más daño que la enfermedad misma. Es como si le metiéramos por el bolsillo izquierdo tres córdobas a un asalariado en concepto de aumento al salario mínimo, y le sacáramos cinco córdobas por el bolsillo derecho en concepto de inflación de precios.
La solución al problema de transporte no debe buscarse en el aumento del salario mínimo, sino en conseguir de una manera u otra los fondos necesarios para el subsidio al transporte. Dado que es gracias a los condicionamientos del FMI que no podemos gastar de más para proveer los fondos, sería conveniente revisar también los acuerdos que el Gobierno tiene con el FMI.
Es muy probable que los señores del FMI entiendan que las condiciones de bajo déficit son insostenibles debido a muchos factores con los que no se contaba cuando estos acuerdos fueron firmados. Por ejemplo, la escalada de los precios del petróleo que ya han alcanzado la una vez increíble barrera de los 50 dólares por barril.
A largo plazo la solución es, por supuesto, reducir la dependencia con el petróleo. Esto podría lograrse si explotáramos al máximo nuestros recursos naturales para producir energía hidroeléctrica o eólica. Cualquiera que sea la solución que se intente tomar, hay que tener en cuenta una cosa, el asalariado no puede seguir soportando soluciones provisionales como la del aumento al salario mínimo. Soluciones que hacen poco en el corto plazo y nada en el largo plazo.
El autor es estudiante de economía, UNAN-Managua.