- En una multitudinaria y cálida misa que dio por iniciado su pontificado
- Se mostró humilde, humano, cariñoso, sonriente y emocionado ante las ovaciones de la multitud, a la que se dirigió durante la ceremonia
Kelly Velásquez y Beatriz Lecumberri CIUDAD DEL VATICANO, AFP
El pontificado de Benedicto XVI comenzó el domingo con una multitudinaria y festiva misa al aire libre en la Plaza de San Pedro, en la que el Papa pidió la ayuda de los católicos y fue objeto del cariño de los fieles en un primer paseo en “papamóvil”.
Entre los aplausos de las 350,000 personas congregadas en el Vaticano, Benedicto XVI, de 78 años, recibió dos importantes símbolos que encarnan su misión y su autoridad: el palio, una estola blanca bordada con cruces rojas, y su propio anillo de Pescador, que representa a Pedro echando las redes.
“Mi verdadero programa de gobierno no es hacer mi voluntad, no es seguir mis propias ideas sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y la voluntad del Señor”, declaró el nuevo Papa, en su primera homilía pública.
Contrariamente a la imagen severa y fría que ofreció cuando era simplemente el cardenal alemán Ratzinger, Benedicto XVI se mostró humilde, humano, cariñoso, sonriente y emocionado ante las ovaciones de la multitud, a la que se dirigió a menudo durante la ceremonia.
Pese a la enorme afluencia de fieles, esta misa no batió el récord registrado durante el funeral de Juan Pablo II, el 8 de abril, cuando alrededor de un millón de personas acudió al Vaticano.
“Queridos amigos, en este momento sólo puedo decir: rogad por mí, para que aprenda a amar cada vez más al Señor. Rogad por mí, para que aprenda a querer cada vez más a su rebaño. Rogad por mí, para que, por miedo, no huya ante los lobos”, confesó el 265 Pontífice de la Historia.
En la homilía, el nuevo Papa también pidió por la unidad de la Iglesia y se felicitó por su vitalidad.
“La Iglesia está viva y está viva porque Cristo está vivo (…) Y la Iglesia es joven. Ella lleva en sí misma el futuro del mundo”, aseguró.
Durante la ceremonia, Benedicto XVI dedicó palabras llenas de cariño y admiración a su predecesor, Juan Pablo II, fallecido el pasado 2 de abril a los 84 años, tras una larga agonía.
El nuevo Papa retomó el discurso pronunciado por el difunto pontífice el 22 de octubre de 1978, en su misa de entronización: “Todavía, y continuamente, resuenan en mis oídos sus palabras de entonces: ¡No temáis!”
Además, el Papa llevaba la casulla dorada y la cruz de su carismático predecesor.
Antes de la misa, que duró casi tres horas, Benedicto XVI oró y esparció incienso ante la tumba de San Pedro, primer Papa de la Iglesia, ubicada dentro de las grutas vaticanas, para rendirle un homenaje en el día en que se convirtió oficialmente en su 264 sucesor.
Entre el numeroso público se dejaban ver banderas colombianas, argentinas, estadounidenses, españolas o polacas, pero una destacaba por encima de todas: la alemana.
Más de 100,000 fieles de la patria chica del nuevo Papa asistieron a la ceremonia para aclamar a “Benedicto XVI”. “Santo Padre, te queremos y siempre estaremos contigo”, rezaba una de las pancartas escrita en alemán.
PRESENTES EN LA CEREMONIA
Unas 140 delegaciones gubernamentales, 37 jefes de Estado y de Gobierno, y representantes de todas las religiones asistieron a esta ceremonia con la que se inauguró una nueva era
Entre ellas destacaban los representantes de Alemania, la patria del nuevo pontífice, entre ellos el presidente, Horst Koehler, el canciller Gerhard Schroeder y el gobernador de Baviera, Edmund Stoiber.
Además, en primera línea asistió emocionado a la ceremonia el hermano del Papa, Georg Ratzinger, de 81 años.
Al lado derecho del altar se encontraban los reyes de España, Juan Carlos y Sofía.
Los presidentes colombiano Álvaro Uribe; paraguayo, Nicanor Duarte, y salvadoreño, Elías Antonio Saca, además de Jeb Bush, gobernador de Florida y hermano del Presidente estadounidense, George W. Bush, también asistieron a la ceremonia
El Presidente argentino Néstor Kirchner estuvo presente en un gesto de buena voluntad para aliviar las tensiones surgidas en los últimos meses por la exoneración de un obispo castrense.
DISPOSITIVO DE SEGURIDAD
Para garantizar la seguridad de peregrinos y delegaciones oficiales, las autoridades romanas movilizaron 7,000 agentes de las fuerzas de seguridad y 2,000 voluntarios.