EFE
WASHINGTON.- El Senado de Estados Unidos aprobó ayer, con 98 votos a favor y 2 en contra, el nombramiento de John Negroponte como primer Director Nacional de Inteligencia (DNI) para coordinar las labores de los servicios de espionaje del país.
Negroponte, que fue embajador de EE.UU. en Irak antes de ser designado para el cargo por el presidente George W. Bush en febrero pasado, tendrá entre sus prioridades reformar el aparato de espionaje a raíz de los fallos previos a los atentados de 2001.
El DNI tiene la misión de coordinar las actividades de las quince agencias de espionaje, incluyendo la Agencia Central de Información (CIA), y llevar el control de sus presupuestos.
El cargo fue creado dentro de la mayor reforma de los servicios de espionaje de EE.UU. desde 1947, que el Congreso aprobó en 2004.
Los únicos dos votos en contra correspondieron a los senadores demócratas Tom Harkin (Iowa) y Ron Wyden (Oregon), descontentos con las respuestas que dio Negroponte a varios asuntos de inteligencia durante su proceso de confirmación este mes.
Negroponte, un políglota de 65 años con una larga trayectoria diplomática, aparentemente logró superar las reticencias de varios líderes del Senado, e incluso se ganó a su bando al senador demócrata Jay Rockefeller.
Rockefeller dijo estar satisfecho tras una reunión reciente de casi dos horas con Negroponte, durante la cual analizaron los retos y responsabilidades del nuevo cargo.
El senador advirtió que Negroponte tiene ante sí enormes retos para mitigar las luchas sectarias en la comunidad de inteligencia, tomando en cuenta, por ejemplo, que el Pentágono controla el 80 por ciento de un presupuesto anual de alrededor de 40,000 millones de dólares para los servicios de inteligencia.
Negroponte, que fue embajador de EE.UU. en México, Honduras y Filipinas.
El diplomático no tendrá oficina propia en la Casa Blanca, pero sí tendrá acceso directo a Bush.
En 1981 fue designado por Ronald Reagan como embajador en Honduras, con el objetivo de seguir de cerca la lucha contra las guerrillas pro-soviéticas en Nicaragua y El Salvador.
En esos años Negroponte fue acusado de haber concentrado su atención en el respaldo a los “contras” nicaragüenses al gobierno sandinista mientras cerraba los ojos a las torturas que se cometían bajo el régimen hondureño. Su carrera diplomática se extendió desde 1960 hasta 1997 cuando pasó al sector privado.