Eduardo Marenco Tercero
En República Dominicana se implementó el voto en el exterior en los comicios presidenciales del año pasado, mediante los cuales Leonel Fernández se reeligió como Presidente de la República.
Obtener el voto en el exterior “fue una conquista política”, explica José Abigail Cruz Infante, director ejecutivo del Programa del Voto Dominicano en el Exterior, de la Junta Central Electoral de ese país.
Cruz Infante estuvo de visita en Nicaragua por gestión de la Fundación Iberoamericana para las Culturas (Fibras), cofundada por Ariel Montoya, secretario del Presidente de la República, Enrique Bolaños.
Entre el 2002 y el 2004, alrededor de 70,000 dominicanos se cedularon para ejercer el voto en el exterior, agenciándose de un derecho constitucional pues a través de millonarias remesas aportan a la economía nacional de su país.
Cruz Infante explica que el voto en el exterior para los dominicanos se oficializó a través de la Ley 275-97. En el 2002 se instalaron las oficinas en el exterior para efectuar los comicios y se inició el empadronamiento de los dominicanos residentes fuera de su país.
UN PADRÓN EXCLUSIVO
Se confeccionó un padrón exclusivo para los residentes en el exterior, distinto al padrón nacional, que fue conocido por los partidos políticos y organismos de la sociedad civil, que chequearon que no había duplicidad, supresión o doble registro, indica Cruz Infante, ex diputado y ex senador de su país.
Luego se confeccionó la cédula para cada uno de los 70,000 dominicanos que residían en el exterior, especialmente en ciudades como Nueva York, y otros diez centros de cedulación en Estados Unidos, Canadá, Venezuela, Europa y Puerto Rico.
En Nueva York se cedularon 32,000 dominicanos y votaron 24,000 de éstos. Nueva York ha sido históricamente la ciudad de mayor atractivo para los dominicanos, porque era el sitio de reunión de los exiliados durante la dictadura de Leonidas Trujillo.
Había mucha fuente de trabajo en tareas de obrero no calificado, la renta era baja y al día siguiente de su llegada, un dominicano obtenía trabajo gracias a sus coterráneos.
“Era el espejismo para la comunidad de inmigrantes”, dice Cruz Infante, de 66 años, quien era apenas un estudiante cuando en su país reinaba Trujillo, lo que no le ha impedido tener una columna, “Los hombres de Trujillo”, de mucho éxito en su país.
La diáspora dominicana, dice, está repartida dentro de Estados Unidos, en Florida, Boston, California, Washington, Rode Island y Filadelfia.
UN VOTO CARO
El voto en el exterior le costó a Dominicana alrededor de 19 millones de dólares en un plazo de dos años de trabajo, pero contó con apoyo financiero de las Naciones Unidas (ONU), la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión Europea (UE), el Instituto Nacional de Elecciones de Canadá y la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) de Estados Unidos.
Hicieron estudios comparativos de otras experiencias. Analizaron el caso mexicano que lleva nueve años intentando implementar el voto en el exterior, con la complejidad de ser un Estado federativo y contar con, al menos, 30 millones de ciudadanos que viven fuera del país.
Cruz Infante señala que Nicaragua tiene una gran ventaja que le permitirá abaratar costos: cuenta ya con oficinas (consulados) y una tasa de 25 dólares que cada ciudadano debe pagar por ley para adquirir su cédula en el exterior.
Entre los principales desafíos que les tocó vencer, estuvo la resistencia de las fuerzas políticas a apoyar el voto en el exterior.
Para garantizar el éxito del programa, procuraron que las comunidades en el exterior eligieran a dos personas notables para que estuvieran a cargo de la recepción de votos.
Los resultados electorales fueron transmitidos electrónicamente a Dominicana de manera inmediata en los comicios presidenciales del año pasado.
“No hubo una sola queja, impugnación o reclamo”, asegura el dominicano Cruz Infante.
AMPLIAR DEMOCRACIA
José Abigail Cruz Infante, director ejecutivo del Programa del Voto en el Exterior en República Dominicana, piensa que Nicaragua tiene una “oportunidad magnífica” de “ensanchar sus espacios democráticos” a través de la implementación del voto en el exterior, en beneficio de al menos un millón y medio de nicaragüenses residentes fuera del país.