Mal de Chagas, una muerte silenciosa

Más de un centenar de niños y otro número no determinado de adultos de Madriz tienen en su organismo el Tripanosoma cruzi, un parásito que origina el mal de Chagas, enfermedad que mata silenciosamente y se extiende. El Minsa lleva años combatiendo este mal, pero sólo se puede erradicar tomando una drástica medida: tumbar todas […]

  • Más de un centenar de niños y otro número no determinado de adultos de Madriz tienen en su organismo el Tripanosoma cruzi, un parásito que origina el mal de Chagas, enfermedad que mata silenciosamente y se extiende. El Minsa lleva años combatiendo este mal, pero sólo se puede erradicar tomando una drástica medida: tumbar todas las casas de adobe

William Aragón RodríguezCORRESPONSAL/MADRIZ

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Durmiendo con el enemigo. Este es el título de una famosa película de Hollywood, pero que en algunas comunidades de Madriz es algo que cada noche se convierte en una realidad. Miles de familias conviven con un insecto que ha invadido sus hogares y que por la noche sale de las grietas de las paredes de sus casas para chupar su sangre y transmitirles un parásito que los mata silenciosamente.

La vinchuca, como popularmente se le conoce a dos especies de chinche, el Triatoma dimidiata y el Rhodnius prolixus, está extendiendo lenta y sigilosamente el Tripanosoma cruzi, un parásito que origina el mal de Chagas, una enfermedad ya conocida pero que nunca ha podido ser erradicada de las comarcas y algunos municipios de Madriz, a pesar de la lucha constante que las autoridades del Ministerio de Salud (Minsa) han emprendido de antaño contra ésta.

Recientemente, durante una prueba de campo que el Minsa efectuó hace poco más de un mes, se encontró que 114 niños en edad escolar tienen mal de Chagas en las comunidades de Cayantú y Cuje, mientras que en San José de Cusmapa nueve de cada 14 mujeres embarazadas presentan la infección provocada por la vinchuca. En Somoto, cabecera departamental de Madriz, el Minsa ha descubierto que el 10 por ciento de las personas que donan sangre tienen el Tripanosoma cruzi y su estado por el mal de Chagas es crónico.

Estos son niveles alarmantes, principalmente si se toma en cuenta las estadísticas del Programa del Control del mal de Chagas del Minsa.

Según el resultado de la investigación sexológica para el parásito causante del mal de Chagas en niños escolares rurales, cuyas edades comprendían entre 7 y 14 años (durante el período de la investigación 2000-2001), en Madriz se descubrió que de 574 menores sólo siete resultaron seropositivos, es decir, que en cuyas muestras de sangre se les encontró el Tripanosoma cruzi.

La seroprevalencia en Chagas en niños menores de 15 años para el 2003, según los Silais respectivos, en Cayantú era de 31 niños, mientras que en Cuje, 26. Entre las dos comunidades habían sólo 57 menores infestados, ahora hay 144. El mal de Chagas literalmente “pica” y se extiende.

LAS CAUSAS DE SU EXPANSIÓN

Tanto el Triatoma dimidiata y el Rhodnius prolixus, dos chinches que se alimentan de sangre de animales silvestres como el conejo, ratas, murciélago, armadillos, venados, iguanas entre otros, han abandonado su hábitat en las zonas boscosas y se han trasladado a lugares poblados para chupar ahora la sangre de los humanos.

Esto se debe a la destrucción de los ecosistemas donde viven los animales antes descritos. Los chinches emigran y no encuentran otra salida que buscar las casas y elegir a las personas como sus principales fuentes de sangre, su alimento. Y si las casas son de adobe, el insecto encuentra un hábitat perfecto para vivir y reproducirse. Es decir, hallaron “techo y comida” para sobrevivir.

No se escapan al menú del alimento del vector del mal de Chagas, los animales caseros como el perro, el gato, la vaca y el caballo.

Pero lo más preocupante es que anidan entre las grietas de las paredes de adobe y se reproduce rápidamente. Las hembras pueden depositar unos diez huevos cada semana y los huevecillos están listos para dar vida a un nuevo chinche en tan sólo cinco días.

Otra de las causas es la extrema pobreza que vive gran parte de las familias campesinas, las que se ven obligadas a la construcción de viviendas rústicas (adobe, tierra, taquezal, varillas, bambú), también la falta de una adecuada higiene y aseo en estos hogares.

COMBATIENDO AL CHINCHE

En los últimos diez años, se han construido más viviendas de adobe por lo que algunos datos estadísticos hasta ahora no publicados de organismos no gubernamentales e instituciones estatales en Madriz, revelan que más del 66 por ciento de la vivienda rural es de este material.

Hasta la fecha, el Minsa ha combatido este mal por dos vías: La primera es la fumigación química de las casas en las comunidades de Madriz. La otra es medicando al infestado, aunque la enfermedad debe combatirse en cuando aparecen los primeros síntomas porque después, según los expertos, es incurable.

Sin embargo, la falta de recursos económicos del Minsa en este departamento es también otro obstáculo para emprender jornadas de fumigación de las áreas donde se sospecha hay chinches, lo que impide la eliminación y erradicación del vector. El costo de fumigación de cada vivienda es de 12 dólares, sin incluir la adquisición de los equipos de fumigación, el pago de personal y el uso de medios de movilización. Además del tratamiento que se administra a los pacientes que tiene un costo alto en el mercado internacional.

En mucho de los puestos de salud de cada uno de estos municipios que presentan casos de infección del mal de Chagas, carecen de los equipos necesarios (laboratorios y radioactivos), para detectar la positividad de este mal en las personas infectadas; y brindarles el tratamiento a fin de evitar el avance de la enfermedad.

También la falta de un estudio amplio y profundo alrededor de este problema que revele datos de cuántas son las personas infectadas en el departamento. Y la falta de coordinaciones interinstitucionales en otras regiones como Honduras, que aún enfrenta el mal de Chagas.

UNA MEDIDA RADICAL

Por ello, el Minsa cree que la única forma de erradicar la vinchuca o chinche del hábitat de los humanos en las comunidades afectadas de Madriz, es botando todas las casas de adobe y reconstruyéndoselas por casas de concreto. Además, se debe preservar el bosque y los otros ecosistemas de los animales silvestres.

Las dos medidas anteriores son inalcanzables, por no decir ilusas. Todavía no hay un censo que indique cuántas casas de adobe existen en Madriz, pero derribarlas todas implicaría un gasto exagerado y reconstruirlas para darles a sus habitantes una casa de concreto, representaría una suma de dinero inimaginable.

A lo anterior hay que agregarle que sus moradores ni siquiera son sujetos de créditos porque son personas que viven en extrema pobreza. Las autoridades tendrían que regalarles las casas, pero las alcaldías como el Gobierno central no tienen fondos para invertir en esto.

La segunda idea es igual de difícil. La depredación de los bosques es un problema que se incrementa por la falta de infraestructura estatal para combatir la tala ilegal y tráfico de madera. Además, los pobladores deforestan para usar la leña como combustible y, además, cazan los animales silvestre para tener carne que comer, porque son tan pobres que no les queda otra que buscar su alimento en el bosque.

En otras palabras, la erradicación de la vinchuca o chinche del Chagas, es una meta de difícil alcance.

CÓMO ELIMINAR LA VINCHUCA

La guerra a la vinchuca deberá, por ello, tener el apoyo total de los pobladores de las comunidades de Madriz.

Entre los mecanismos que se pueden utilizar para eliminar y erradicar el chinche y que son recomendados por el Minsa, están la fumigación de las áreas donde vive el insecto, la captura del mismo y la limpieza de los hogares.

NI PROMESAS TIENEN

Hasta el momento no existe promesa alguna de parte de las instituciones estatales y de organismos no gubernamentales, por ofrecer un plan de ayuda contra el mal de Chagas, el cual cada día afecta a más pobladores de las áreas rurales de Madriz, principalmente.

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